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viernes, 5 de febrero de 2016

MI DESPEDIDA


A unos pocos minutos de mi muerte, mientras mi corazón siempre cautivo se libera de a poco en cada débil latido, yo que siempre he vivido en la oscura parte de este mundo, me despido. Iré a ese lugar temido por muchos, bóveda fría y solitaria donde meditaré durante mi  eterna estadía en todo aquello que hice, lo que deseé y que  jamás tuve.
He dejado mis pensamientos escritos en una carta breve sobre mi cama, del lado izquierdo donde él dormía. Mis lágrimas las he depositado en la jarra de donde bebí más de una vez embriagándome hasta la madrugada, quizá la planta que se marchita en la ventana refresque sus secas raíces con ellas y broten de sus ramas hojas nuevas llenas de esperanza. Mi tristeza la llevaré conmigo tal como haré con cada una de las palabras que el amor me dijo un día.
Se me ha muerto ya el alma, poco a poco me desvanezco, mis sonrisas las pinté y las he dejado colgadas en la pared que siempre me sostuvo cuando él se marchaba. Me he de ir con mis maletas livianas, dejaré todo aquello que me cause sobrepeso, he donado mi alegría a quien la necesite, está dentro de un sobre en la gaveta del buró, úsenla día a día, aún queda suficiente para el resto de sus vidas.
Imaginé  irme en un día gris lluvioso como hoy, para que con la lluvia se lave el llanto de los que me extrañarán y para que se lleve en su cauce  las penas que ya no caben en mi maleta. Dirán que morí de tristeza y soledad, que morí de amor o qué sé yo, habiendo en cada comentario hay un poco de verdad.
Cinco minutos me quedan, la muerte viene cerca ya, oigo el eco de sus pasos firmes y percibo desde aquí su aroma inconfundible. Previo a la muerte, doce pasos delante de ella, una ráfaga de viento helado me cubre cual mortaja congelándome las entrañas.
El telón de este teatro que es la vida se cierra, y aquí estoy yo en  mi última función. Díganle que culpa alguna no tiene, he sido yo quien no ha podido de su mirada despojarse, ni su adiós repentino pude resistir, más algo si le ruego en nombre de cada promesa que jamás cumplió, le pido que nunca, que jamás a mi tumba llegue ni que flores ajenas a mi lecho lleve, que las deje en las manos de su nueva amada que yo desde aquí las contemplaré con mis triste mirada  maldiciendo  su vida y mi suerte.
Es tiempo cumplido, adiós para siempre, el abrazo frío de la muerte siento, sobre mi frente la sangre brota, humo en la boca, mi corazón ya no siente.