Recuerdo
aquella tarde claramente, fue la primera y última tarde que pasamos juntos. Lucas lo
sabía, él tenía ese sexto sentido que le permitía saber lo que yo pensaba y lo
que iba a hacer. Si bien yo no me había decidido del todo algo dentro de mí me
empujaba a llenar de detalles amables y significativos aquella tarde casi
romántica.
El jardín se
veía muy bien, las flores blancas le daban un toque especial y la mesa con ese
mantel que bailaba al ritmo del viento inquietaba a Lucas que no tenía que hacer ni
un solo gesto para que yo lo supiera, yo le conocía bien tanto como él a mí.
La botella
de vino estaba en su punto y reíamos como dos bobos, me gustaba su sonrisa,
pero Lucas sabía lo que yo deseaba.
La comida le
encantó, soy un buen cocinero sin duda, le sorprendí con el postre, fresas
cubiertas de chocolate en platos individuales, las mías cubiertas con su
chocolate favorito, el blanco y ella con las fresas cubiertas de chocolate
negro, mi favorito, todas con un palillo de madera enterrado en sus entrañas.
Las comimos
todas de la forma que se deben comer, entrelazando nuestras manos
alimentándonos el uno al otro, yo le daba de las mías y ella me daba de las
suyas, ella cerraba los ojos, yo no.
El momento
cúspide llegaba, yo un fanático de la fotografía deseaba inmortalizar el
momento, fui por la cámara y llamé a Lucas, y le pedí a ella que nos tomará una
fotografía, temblorosa tomó la
cámara, parecía confundida pero sonreía.
Lucas sabía por qué y yo también.
Mientras
enfocaba para capturar la imagen vi en su rostro el desconcierto, una especie
de temor se veía como cuando te quitas
una venda de los ojos y aun a
través de la lente se podía ver su
miedo, Lucas y Yo lo vimos cuando posábamos frente a ella.
Sucumbió
después del flash y lo que vio quedó plasmado para siempre.


Hermoso amiga, tiene una hipercodificacion exquisita, y no se diga su propio estilo!!! Felicitaciones!!
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