Nunca le escuché un “Te Amo” y hoy me compra flores, ni la
lluvia lo detiene, viene a paso lento a mí o lo que queda de mí.
Él no lo sabe, pero ya no estoy ahí, donde me dejó, donde me
juró tantas cosas que para mí ya no tienen sentido, pues cuando en mis
silencios le grité la necesidad de mi corazón no hizo nada más que voltear su
mirada.
Ahí está vestido de gris y blanco, yo amaba el olor de su
camisa. Seca sus lágrimas y respira profundo, se quiere calmar, apaciguar su
pena y darme el amor que le rogué un día.
No me ve, yo le escucho y lo veo, grita mi nombre y sus sentimientos. Su dolor es casi igual al
mío, ¡Qué tristeza!
La lluvia despedaza las rosas, ¡Ay cuanto deseé esas rosas! Son
tan bellas, tan rojas, tan de amor. Ambos estoy segura que ahora mismo pensamos
en lo mismo, en los momentos desperdiciados, en todo eso que no dijimos, en los
besos que no nos dimos y sobre todo en aquello nos prometimos tomados de las
manos.
Si bien es cierto lo que se dice, que solo los buenos
recuerdos nos llevamos de este mundo, a veces es difícil evitar recordar las
penas del alma.
La vida es tan difícil de comprender, hoy finalmente tengo lo
que anhelé tanto, hoy me ama, hoy desea
estar conmigo, abrazarme, besarme, su atención, sus pensamientos son para mí,
hoy él es mío. Hoy que la lluvia no me moja, que el frío no cala mis huesos,
hoy que la muerte invade lo que fui, hoy que solo puedo imaginar el dulce
perfume de las rosas que me trajo, hoy que solo soy un recuerdo, una imagen en
una fotografía, una corazón que ya no late más ¡Qué tristeza!


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