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martes, 17 de diciembre de 2013

Si la Suerte al Final me Llega

Yo así te quería, igual o más que las estrellas a la luna o que el desierto a la lluvia fresca, así o más te quería…
Me veía en tus ojos y sonreía al mismo tiempo que tú, soñaba contigo y despertaba a tu lado al mismo tiempo que tú…
Mis pensamientos siempre me llevaban a ti sin importar donde estuvieses, solo quería estar a tu lado sin importar donde estuvieses…
Pero el día que jamás esperé se llegó y se quedó para siempre, no existía tal fecha en mi calendario, pero el día que jamás esperé se llegó…
Y te extrañé tanto como la noche al día, como los momentos felices que se marchan para siempre, y te extrañé tanto…
Y Me dijiste adiós como quien se quita un peso de encima, como la presa que veloz que se escapa de su depredador, y me dijiste adiós…
Te odié tanto y más, por dejarme sola con tanto sentimiento, me quedé con todo intoxicándome el alma, te odié tanto…
Más si la suerte al final me llega, te darás cuenta de tu infame acto, cuando la juventud extinta en tu rostro añore el amor sincero volverás, y yo te mostraré el sepulcro del amor que te tuve, si la suerte al final me llega…


viernes, 6 de diciembre de 2013

Rosas Rojas

Nunca le escuché un “Te Amo” y hoy me compra flores, ni la lluvia lo detiene, viene a paso lento a mí o lo que queda de mí.
Él no lo sabe, pero ya no estoy ahí, donde me dejó, donde me juró tantas cosas que para mí ya no tienen sentido, pues cuando en mis silencios le grité la necesidad de mi corazón no hizo nada más que voltear su mirada.
Ahí está vestido de gris y blanco, yo amaba el olor de su camisa. Seca sus lágrimas y respira profundo, se quiere calmar, apaciguar su pena y darme el amor que le rogué un día.
No me ve, yo le escucho y lo veo, grita mi nombre y  sus sentimientos. Su dolor es casi igual al mío, ¡Qué tristeza!
La lluvia despedaza las rosas, ¡Ay cuanto deseé esas rosas! Son tan bellas, tan rojas, tan de amor. Ambos estoy segura que ahora mismo pensamos en lo mismo, en los momentos desperdiciados, en todo eso que no dijimos, en los besos que no nos dimos y sobre todo en aquello nos prometimos tomados de las manos.
Si bien es cierto lo que se dice, que solo los buenos recuerdos nos llevamos de este mundo, a veces es difícil evitar recordar las penas del alma.
La vida es tan difícil de comprender, hoy finalmente tengo lo que anhelé tanto, hoy  me ama, hoy desea estar conmigo, abrazarme, besarme, su atención, sus pensamientos son para mí, hoy él es mío. Hoy que la lluvia no me moja, que el frío no cala mis huesos, hoy que la muerte invade lo que fui, hoy que solo puedo imaginar el dulce perfume de las rosas que me trajo, hoy que solo soy un recuerdo, una imagen en una fotografía, una corazón que ya no late más ¡Qué tristeza!




martes, 3 de diciembre de 2013

Un cuento sin Hadas



Había una vez hace  poco tiempo, en un lugar bastante cercano,  carente de belleza y sobrado lúgubres escenarios, una mujer de gruesa figura, de tez morena y pálidos labios, con la juventud borrada del rostro y con señales de inmensa pena, paseándose por el jardín de su cautiverio una mañana húmeda y fría..
No vivía en un castillo y jamás fue hermosa, dejó de ser una chica soñadora hacía mucho tiempo. Recordaba esa mañana mientras contemplaba las rosas marchitas del jardín el ayer tan presente en su hoy.
Si la hubiesen visto antes, en aquel entonces cuando relucía cual estrella del firmamento, con las ilusiones a flor de piel y  con ese  “felices por siempre” siendo su anhelo y su razón de ser. Pero ese final nunca llegó,  probablemente porque sus gruesos pies jamás dejaron caer la zapatilla o quizás porque nunca tuvo un par de zapatos de cristal, no tuvo más hada madrina que la soledad y temerosa de dormir para siempre  jamás si quiera quiso comer una dulce manzana.
Se le helaba el cuerpo, su cabello se enredaba con el viento y ella se alejaba más, tanto que salió del jardín y se dirigió al bosque. Camino largo tiempo no dejó migas para recordar el camino a casa,  tampoco la seguían los tiernos animalitos del bosque, ni las aves cantaban a su alrededor, continuo su camino, cualquiera que la hubiese visto hubiese pensado que sabía a dónde se dirigía.
La tarde cayó, el cielo se tornó entre violeta y gris, se topó con un camino que la llevó a una casa, no era ni pequeña ni de galletas y caramelos pero aun así atrajo su atención, la casa parecía estar abandonada desde hacía mucho al menos eso fue lo que pudo divisar al asomarse por la ventana.
Se sentó después de inspeccionar un poco en la mecedora vieja que estaba a un costado de la puerta, se mecía con la vista puesta en el camino que la había llevado hasta allí. Y entonces inesperadamente la  entrada triunfal del príncipe azul que la buscaba con la ansiedad de un enamorado, de pronto su vestido andrajoso se convirtió en el más reluciente de los vestidos de princesa, sus sandalias en unos finos zapatos, su piel se aterciopeló, su cabello tenía la suavidad de la mismísima seda y no digamos su rostro, radiante y feliz. Su corazón latía al máximo, volteaba a ver si algún hada del bosque, quien escondida entre la flora del lugar había visto su  desdicha y armándose de su magia había hecho ese milagro, pero no vio nada. Solo a ese caballero con un porte elegante y varonil acercándose en su corcel blanco de gallarda presencia. El hombre de sus sueños alumbraba intermitentemente el camino a su amada, parecía que se tardaba una eternidad.
-¿Qué hacéis allí? – Preguntó el hombre de voz grave-  
Ella no supo qué constar estaba tan nerviosa que solo pensaba en acomodarse el cabello y en pellizcar sus mejillas.
El caballero por fin llegó hasta donde estaba ella y se le quedó viendo por un instante como si estuviese hechizado o impactado.
-          Este no es el lugar para vestir de esa manera, te enfermarás con el frío que hace – le dijo- poniéndole la capa que se había quitado instantes atrás.
Aun en la oscuridad se pudo ver su rostro sonrojado tras la acción del hombre y más aun cuando él le tomó de la mano y la invitó a subir a su caballo con la intención de marcharse y llevarla lejos de allí.
Mientras iban por el camino ella lo abrazaba tan fuerte que podía sentir sus latidos y su respiración como si fuesen suyas, ni el aullido de los lobos y el canto tenebroso de las lechuzas la perturbaban.
-¡Hemos llegado!- gritó su héroe -
Ambos se bajaron del corcel que resoplaba por el esfuerzo reciente. Ella desarrugaba su vestido y se peinaba de nuevo, él hizo una seña al viento. Volvió a tomar sus manos y la vio fijamente como buscando algo perdido en su mirada.
Tomó su mano pero esta vez puso algo en ella y después de una reverencia se despidió. Ella no lo comprendía mientras inmóvil observaba como se marchaba su príncipe encantador sin haberle dando  siquiera un beso o prometido su eterno amor, la señal al viento trajo consigo a una mujer de dulce rostro quien la abrazó y la condujo de nuevo al jardín.

Fue entonces cuando pareció despertar, estar de nuevo en el jardín la hizo ver que todo fue tan solo un acto cruel de la sobriedad de su mente, que la fantasía era solo una realidad que debía evitar con las píldoras que le acababa de devolver el guardia y que la mujer le obligó a tomar antes de dejarla sola de nuevo, comprendió entonces que no sería feliz por siempre… sino hasta la próxima vez…

jueves, 12 de septiembre de 2013

La Entrega

Ahí estaba yo, observándolos a todos detenidamente, cada quien en lo suyo, riendo, conversando, leyendo, comiendo o bebiendo café como yo. Cada uno me llamaba la atención por separado y hacían aflorar sentimientos en mí según la acción que cada uno realizaba. ¡Cómo son las cosas!, mientras yo me dedico a prestarle atención a una docena de desconocidos para todos soy invisible. No soy un hombre que llame mucho la atención y sin duda tengo la particularidad de ser invisible al ojo humano. Cuando la gente por fin me ve, casi siempre dura poco y nunca nos volvemos a ver, algunas veces les veo de nuevo, pero sucede solo en mis sueños, sueños que rara vez recuerdo.
Hoy estoy aquí por menesteres ajenos a mis intereses, no me gusta el lugar pero en alguna parte debía estar. Me iré en un par de días con suerte mucho antes.
La camarera me ve ya con desconfianza, vine desde muy temprano y siendo ya medio día sigo aquí con una mesa llena de tazas vacías de café, suena raro pero por alguna razón que yo mismo desconozco me gusta conservar en la mesa las tazas de café que he bebido, me mantiene tranquilo verlas frente a mí y a las personas que me ven parece incomodarles, ya llevo cinco y pronto serán seis.
Me gustan los ojos de la chica que está sentada junto a la ventana, tiene una mirada única y parpadea diferente, el color azul le sienta bien al chico que le acompaña, el hombre sentado en el banco en la mesa de junto lee rápido el periódico y bebe lento el té, los enamorados que se besan después de cada bocado me ponen nervioso o quizás es envidia, hay una familia en la mesa del fondo, papá y mamá conversan mientras los niños no paran de corretear entre las mesas y el más chiquillo tira al suelo la mitad de lo que se lleva a la boca, me pregunto -¿Qué pensaran de mi?
Ya viene la sexta taza, amo el café humeante, me hace despertar y pensar con claridad, esta será la última que beba, debo seguir mi camino, para encontrar donde resguardarme de la lluvia inminente que el cielo anuncia vistiéndose de gris, no me gusta la lluvia y me atemorizan los rayos y relámpagos, y mojarme sin traer un muda de ropa es lo peor que pueda pasarme. Sí, soy un viajero sin equipaje, lo que traigo a cuestas en este bolso viejo de lona no es algo que me pertenezca, es algo que vengo a entregarle a Mirna.
Me gusta pagar las cuentas con monedas, pongo dentro de cada taza el valor del café, eso lo hago por diversión como un sello de mi presencia que de seguro recordará la camarera haciéndole imposible olvidar mi rostro, eso sí, no le dejaré propina, su ceño fruncido me inquietó de tal manera que no me sentí cómodo.
Hace frío, debo caminar rápido, según el hombre del puesto de revistas hay una  pequeña posada a unas cuadras de aquí, debo asearme antes de la entrega, me veo como un vagabundo. El mismo hombre al leer el papel donde traigo escrita la dirección de Mirna me ha dicho que está cerca también, así que estoy de suerte, esta noche iré y mañana me marcharé de aquí. Por lo pronto me apresuraré pues empieza a lloviznar.
Nada como una ducha caliente, no está nada mal esta habitación, es mejor de lo que pensé. Vaya si Mirna va a sorprenderse al verme, no lo imagina, debo confesar que dudo que salte de felicidad pero he hecho este largo viaje solo por ella, nuestro adiós se fechó para siempre pero había algo pendiente y vengo por ese único motivo, yo tampoco la amo más pero son esas cosas locas de la vida que se tienen que hacer por una razón desconocida, es algo que va más allá de nuestra comprensión.
Odio los caminos empedrados, entre tropezones y rocas filosas mis pies sufren a cada paso, ¡qué callejón tan oscuro! A penas si veo las numeraciones de las casas, que frondosa buganvilia, me gusta, ¿será rosa o violeta? Y de seguro ese gato pardo es blanco, la noche con esta luz de luna tan intensa hace ver todo diferente, me pregunto -¿Cómo se verían los ojos de la chica de la cafetería bajo esta luz de luna?
¡Aquí es! Que puerta tan vieja, ¿o he de decir antigua?
Espero que no esté durmiendo ya,  aunque he tocado con tal fuerza que sin duda despertará. Una luz se encendió, es ella, no lo dudo.
Creo que no me reconoció a primera vista, ¿será la luz de la luna que empalideció mi rostro convirtiéndome en un desconocido para ella?
Al decirle mi nombre su rostro cambió y la amabilidad de su saludo también, antes de que dijera algo me pidió que me marchara, no quería saber de mí, pero yo tampoco de ella.
Rogué por unos minutos que al final me concedió a regañadientes, le expliqué que no regresé por su amor ni nada parecido, que después de mucho tiempo de pensar y pensar quise traerle algo que en aquellos días presumía de suyo y que sin duda extrañaba. Su expresión se distorsionaba a medida que yo hablaba y más de una vez me pidió que bajara la voz para que sus padres no escucharan.
Sabiendo que mi tiempo era corto y el deseo de marcharme de ese lugar me hicieron ir al grano.
Le dije entonces que llevaba conmigo el motivo de mi derrota y  su posesión mas anhelada, que habiéndolo dejado a cientos de kilómetros atrás yo como un buen perdedor se lo traía a sus manos.
Tomé el bolso viejo de lona, estaba sucio, húmedo y no olía nada bien, esperaba que ella comprendiese que el  viaje había sido largo y el clima castigador. Lo tomó con cierto asco y se negó a abrirlo, y yo que deseaba marcharme me desesperaba al ver su negativa, empezó a llorar y sostenía el bolso frente a ella, y entonces me di cuenta que soy pésimo para envolver obsequios, el bolso empezó a gotear un liquido que gracias a la oscuridad y a la luz de luna era de un color difícil de definir. Mirna por fin asomó sus bellos ojos canela que se veían negros y temerosa abrió el bolso, su grito sin duda despertó a sus padres y al vecindario entero.
¡Vaya si es una locura, no la comprendo!  ¿Por qué ha reaccionado así?  Un desmayo por de más incomprensible  y ese golpe en la cabeza le dará que hacer mañana ¿No era el corazón de Ignacio lo que más deseaba en esta vida?









miércoles, 28 de agosto de 2013

ÁNGEL NEGRO ( de mi Antología del Diablo)

ÁNGEL NEGRO

¿A dónde iras ahora Ángel negro?
¿Por qué te vas si ves que de tu adiós no me alegro?

Buscarás otra alma entristecida.
¿Le darás amor como a mí, de corazones homicida?


¿Le llenarás de besos y de promesas al oído?.
Y cuando ilusionada espere que las cumplas notará que ya habrás huido.

¿A dónde vas ahora con mi corazón en tu mano?
¿Lo plantarás en el cementerio en donde ya todo es en vano?.


¿Elegirás a otra que su vida por ti dé?
Y como yo en ti ponga su fe.

Y al verle en las nubes enamorada.
De desamor y llanto le construirás morada.


¿A dónde vas cupido de flechas envenenadas?.
¿A dónde llevas la esperanzas de mis venas drenadas?.

Despierto ahora del sueño falso de tu amor.
No poder vivir sin ti, de eso tengo temor.


Aún sabiendo que has sido mi verdugo, asesino de mis sentimientos.

Me pierdo en la remembranza de los buenos momentos.

De a dónde irás lo digo sin censura.
A otro corazón que te ame darle la muerte segura.



lunes, 26 de agosto de 2013

La Fotografía


Recuerdo aquella tarde claramente, fue la primera y  última tarde que pasamos juntos. Lucas lo sabía, él tenía ese sexto sentido que le permitía saber lo que yo pensaba y lo que iba a hacer. Si bien yo no me había decidido del todo algo dentro de mí me empujaba a llenar de detalles amables y significativos aquella tarde casi romántica.
El jardín se veía muy bien, las flores blancas le daban un toque especial y la mesa con ese mantel que bailaba al ritmo del viento  inquietaba a Lucas que no tenía que hacer ni un solo gesto para que yo lo supiera, yo le conocía bien tanto como él a mí.

La botella de vino estaba en su punto y reíamos como dos bobos, me gustaba su sonrisa, pero Lucas sabía lo que yo deseaba.
La comida le encantó, soy un buen cocinero sin duda, le sorprendí con el postre, fresas cubiertas de chocolate en platos individuales, las mías cubiertas con su chocolate favorito, el blanco y ella con las fresas cubiertas de chocolate negro, mi favorito, todas con un palillo de madera enterrado en sus entrañas.
Las comimos todas de la forma que se deben comer, entrelazando nuestras manos alimentándonos el uno al otro, yo le daba de las mías y ella me daba de las suyas, ella cerraba los ojos, yo no.

El momento cúspide llegaba, yo un fanático de la fotografía deseaba inmortalizar el momento, fui por la cámara y llamé a Lucas, y le pedí a ella que nos tomará una fotografía, temblorosa  tomó la cámara,  parecía confundida pero sonreía. Lucas sabía  por qué y yo también.
Mientras enfocaba para capturar la imagen vi en su rostro el desconcierto, una especie de temor  se veía como cuando te quitas una venda de los ojos y  aun a través  de la lente se podía ver su miedo, Lucas y Yo lo vimos cuando posábamos frente a ella.

Sucumbió después del flash y lo que vio quedó plasmado para siempre.

Créeme, te lo pido

No pienses que no te amé, te juro que te quise…
Aun siento tu presencia, aun sueño contigo…
Amanezco pensando en ti y así hasta que anochece…
Habitas mis pensamientos, mis ideas, mis tormentos…

No dudes que tu adiós me ha marcado…
Aun te lloro por las noches imaginando tu rostro alegre…
Vaya si cambiaste mis días…
Añoro aquellos breves momentos en que fuimos uno…

No pienses que mis lágrimas no son sinceras…
Te juro que están llenas de sentimientos…
Créeme, te lo pido, te lo ruego…
Susurra en mi oído que lo entiendes…

No pasa un instante sin ti…
Estás en lo hago y lo que digo…
Más sé bien que no volverás, que te quedarás justo donde estás…
Mientras  yo  estaré aquí preguntándome  ¿Aún me amarás?...




CATARSIS

Y lloró, lloró con vientos y granizo…
Inundó los minutos y las horas…
Los relámpagos alumbraban sus recuerdos…
Y los rayos apuñalaban su alma…

Y lloró hasta arrasar con una ola enorme su tristeza…
Vio como la corriente se llevaba el pesar…
Llovían sus ojos a cántaros…
Aliviaba sus adentros lavando el dolor…

Y lloró hasta que divisó a lo lejos el sol…
Y aun con su cielo gris cesó la tormenta…
Llovería luego, lo sabía…
La brisa fresca en su rostro se lo prometía…




lunes, 1 de julio de 2013

SI TAN SOLO FUESE AYER...


Recordaba su tibio abrazo y su esencia…
Y agudizaba  los sentidos para recordar su aroma…
Si tan solo fuese ayer…
Con aquella sonrisa lo hubiese olvidado todo…

Si no lloviera tan fuerte afuera…
Caminaría bajo el intenso sol de medio día para verle…
Pensaba en el beso de buenas noches que le hizo soñar…
Si tan solo fuese ayer, se repetía…

Los recuerdos  y relámpagos iluminaban la habitación…
Dejando al descubierto su rostro pálido y triste…
Si tan solo fuese ayer…
Entre sus brazos anidaría…

¡Ay si este hoy fuese aquel ayer!…
Si ese llanto fuese tan solo el rocío de la mañana…
Si estuviese allí mismo despojándole de la soledad…
Si tan solo fuese ayer, susurraba…

Se durmió añorando aquel tiempo que no volvería más…
Soñó con las memorias de aquellos días…
Abrió los ojos al cesar  la lluvia…
Y por más que lo deseo seguía siendo hoy…





jueves, 28 de marzo de 2013

REMEDIO

Y fue así como supe que existía, nada es real hasta que te toca.
El viento era fuerte, cada ráfaga fugaz se llevaba un recuerdo y el frío que inmisericorde helaba mis huesos congeló  mi última esperanza.
La noche estaba próxima como lo estaban las lágrimas en mis ojos, mi corazón latía fuertemente recordándome que aun vivía, pero yo que de la necedad suelo aferrarme, le ignoraba.

Traté inutilemente de desviar mis pensamientos caminando en diferentes direcciones, quizás -pensé- que al ver las pintorescas imagenes que el mundo ofrece cambiaría mi manera de ver las cosas en ese momento, lo hice, las aprecié, pero lo que cambió sin duda, como es siempre en mi caso fue que el hecho de ver despertó en mi la obsesión de obtener aquello que vi a toda costa.
La verde llanura, la cálida tarde vestida de celajes de oro, las hermosas flores con su belleza innata, las aves con su armonioso canto y así cada detalle de la estampa podía perder cuidado, nada de eso me interesó o siquiera captó mi atención, no era eso lo que quería, era aquello que jamás vi antes en mi camino y que dudé que se cruzase ante mí alguna vez.
Regresé entonces a mi realidad con un nuevo propósito, una nueva idea que junto a las cientos de miles más que habitaban en mí me mantendrían ocupada durante un buen tiempo.

Llené de desvelos mis noches alternando mis pesares y mi nueva obsesión acumulando una extensa cantidad de hipótesis por comprobar.
Aquella tarde, no salía de mi mente y por momentos me sentía afortunada de haber pasado por allí, otras veces, renegué y  maldije la hora en que se me ocurrió despejar mi mente con ese paseo.
Decidí un buen día, uno de esos lluviosos en los que suelo meditar, que era hora de actuar.
Disimulé mi rostro nervioso en el espejo con un  gesto de convicción y retoqué mis mejillas con colorete rosa y salí.
La calle tenía un aspecto extraño, el cielo estaba gris y no había rastro de la calidez que buscaba. Llegué al parque con los zapatos enlodados y el labial corrido. La escena que veía no era la que esperaba, no estaba eso por lo que había ido y por el contrario un paisaje desolado como mis propios adentros se presentaba ante mí recordándome el infortunio y la desdicha. Estaba segura que era una de las típicas injusticias de la vida, una burla del destino... y enloquecí.

Me quedé allí parada cual estatua griega, pálida y fría, sentía como esa rabia recorría mis venas llenándome de una ansiedad desmedida, nadie parecía notar lo que me ocurría, pare ellos era algo invisible, de pronto en medio de aquella tormenta interna escuché a lo lejos algo que capturó mi antención en su totalidad al grado de hacerme mover la vista de lado a lado. ¡Eureka!
Sin hacer el mayor gesto de interés caminé lentamente hacia una banca que estaba junto a un frondoso árbol de jacaranda en flor, me senté y relajé mi rostro dibujando en él una falsa serenidad y una sincera sonrisa. Pasó frente a mí el preciado motivo, mi obsesión, y se posó a pocos metros dejándome observar sin ser descubierta.
Las nubes grises se fueron desapareciendo y el sol reinó en el parque tal como ese día. Le veía con detalle, el viento me llevó su aroma dulce y cada palabra que escuché se grabó en mi mente. Parecía no importarle el tiempo y a mí tampoco, el viento helado y recio que traía la tarde no lo ahuyentó y yo también me quedé.
Por instantes me sentía feliz y por otros recordaba mis tristezas y olvidaba mi objetivo. Al caer la noche aun permanecíamos ambos en nuestros sitios, la luna iluminaba su rostro dándole una profundidad inmensa en la que  me hundía, mientras yo permanecía en la oscuridad confundiéndome con las sombras nocturnas.
Escuché a lo lejos las campanadas del reloj de la plaza, eran las diez, dejé a un costado mis penas y temores y fuí por lo mío. Mientras me acercaba a paso lento, pude ver la total y máxima expresión del amor y la pasión, me acerqué tanto que la luz también me iluminó a mí y pude escuchar algunas palabras y sonidos que me estremecieron. El desconcierto invadió su bella expresión y en el mío se reflejaba el deseo y la certeza, parecía que el tiempo se hubiese detenido, por un instante dejé de pensar en el dolor y el vacío que apresaban mi alma y solo pordía pensar en ese sentimiento que me cautivó hacía unos días en ese mismo lugar.
Saqué el cuchillo que mantuve oculto en el cinturón de mi vestido favorito, lo había afilado la noche anterior por si acaso mientras luchaba contra el insomnio que se apoderaba de mis sueños, brillaba tanto y destellaba con la intesa luz de la luna y de sus ojos. No había pronunciado ni una sola palabra, solo el viento susurraba, pero no podía entender lo que decía. Ante mis pasos que avanzaban, los suyos retrocedían y se alejaban, comprendí que el momento había llegado, si le deseaba tanto no podía perder más tiempo. Cerré por un instante los ojos que me pareció eterno, lo vi todo, yo sonriente de su mano sintiendo por fin la sangre que corría tibia y llenaba cada espacio vacío de mi ser con eso que jamás sentí.
Ahora sabía que existía a pesar de mis dudas del pasado, no lo dejaría escaparse, irse de mi lado llevándose mis esperanzas renaciadas, remediaría todo entonces le tomé del cabello sedoso, su perfume impregnó mi mano, halé con fuerza hacia atrás llevando se vista al cielo, quise que su última imagen fuese ese firmamento estrellado que me parecía tan romántico y que sin duda sería su próximo hogar. Empuñé el cuchillo y dejé correr su sangre por su delicado cuello, caminé hacia él que me veia con sus grandes ojos, tiré el cuchillo y le abracé.
"Nada es real hasta que te toca" me repetí una y otra vez entre sus brazos.

domingo, 24 de marzo de 2013

Se escuchó la última palabra...
La vela que ardía vigorosa se apagó...
Una lágrima dulce rodó tímida por su mejilla...
Y un sollozo profundo y casi moribundo marcó el adiós...

Se acabó...



viernes, 4 de enero de 2013

El Escribiente

Así fue como comenzó...
Cuando un día algo le indignó...
Caminado iba por la acera...
¿Quién será el culpable? ¿Quién el responsable era?...

¿Quién ha escrito vendo con "b" de bueno?
¿Quién no ha tildado "ocasión"?...
Afinó su vista con certera puntería, todo examinó con atención...
Prohibido decía con la "h" omitida...
Y Panadería con una extraña separación...

De tarea se puso entonces el corregir tan grave acción...
Le adolecía el mal uso que le daban a su gran pasión...
Las letras, la lengua, la puntuación...
Y sería la Ortografía su herramienta para tal situación...

Su misión cumplía a cabalidad...
Recorrió cada rincón y cada ciudad...
Aplicando al error corrección...
Armado de tinta y plumón...

Ya famoso era y le reconocían...
Y su instrucción antes de escribir un letrero pedían...
Con los años logró que en su pueblo bien escribieran...
Más la tarea infinita era y no faltaban los que con "S" manzana escribieran...

La edad le caló hasta que como la tinta su vida del tintero se acabó...
Y una tarde de verano su última palabra escribió...
Pero aun ese mismo día en que la gente lo lloró...
Algo inexplicable en el panteón sucedió...

Desde el fondo de la fosa una voz se oyó...
¿Quién ha sido? ¡Que dé un paso al frente!
¿Cómo he de descansar en una paz escrita sin "Z"?
Y luego se corrigió el error con un rayo que resonó cual bayoneta...

He de dar mi último consejo...
"Cuidad vuestra escritura si quereís llegar a viejo...
Fe os doy que si ignoraís la ortografía...
Yo mismo en vuestro ceño escribiré la palabra correcta con pluma fuente...
Y vendrán conmigo a esta fosa fría"...

Y el Escribiente se dice dejó su descansar eterno...
Para corregir palabras en papel y cuaderno...
No escriban mal se rumora...
O despertarás con tinta en frente y en una tumba a temprana hora...