Cuando me engañes lo sabré enseguida...
Lo veré en tus ojos...
Sentiré el perfume ajeno en tu ropa...
Y lo inhalaré con fuerza para hacerlo desaparecer...
Cuando me engañes me mentirás con una sonrisa...
Y yo que ya lo sé, te creeré y sonreiré contigo...
Tu secreto estará a salvo conmigo...
Nadie lo sabrá, será asunto tuyo y mío...
Cuando me engañes me abrazarás con fuerza...
Me besarás la frente y quizás, quizás me susurres un te quiero...
Ya no seré la protagonista de tus sueños dulces...
Ni la primera palabra en tu boca...
Cuando me engañes no lo podrás ocultar...
Sabré su nombre cuando lo murmures en la noche mientras me abrazas...
Y lo feliz que te hace cuando rías a escondidas...
Tu indiferencia lo confirmará cuando yo en mi afán te seduzca...
Cuando me engañes amor, no te engañes!
viernes, 28 de diciembre de 2012
viernes, 14 de diciembre de 2012
Realidad
No necesité cerrar los ojos, la oscuridad que reinó al apagar las luces cumplía su tarea...
Nunca había visto las cosas tan claras, el techo que cubría mi cabeza era la pizarra y la tiza... la tiza era yo...
¡Cuantas cosas vi esa noche de estrellas pocas!, viajé al ayer que se cubrió de polvo, revisé el hoy que se extinguía y el mañana que solo su existir suponía...
Te vi como un fantasma, con el típico actuar de los entes que se deja ver de a poco y se difumina, que esta presente pero que a veces... a veces no se ve...
Me animaron algunos recuerdos pasajeros, cuando parecía feliz y reía, Sí, eran esos días en los que yo por un instante fui todo...
La tristeza resurgió como el fénix, al pensar en tí, vela apagada que dejó de iluminarme y que me ha dejado a oscuras tal cual estoy ahora...
Imaginé tantos hubieras, tantas cosas que me hubiese gustado vivir, sentir y compartir y que fuesen "esos" mis recuerdos más gratos...
No me dí cuenta del transcurrir del tiempo, que entre mis ahnelos, deseos y mi realidad se coló, y no me percaté que de segundo en segundo, de suspiro en suspiro se asomaba ya la mañana en su traje violeta tornasol...
Fue la noche más fugaz y más eterna, un viaje placentero y aterrador...
Agradecí estar de vuelta a salvo...
La luz entraba y poco a poco dejaba al descubierto mi alrededor, todo en su sitio, igual, nada había cambiado...
La alarma sonó recordándome que la vida sigue, una vez más suspiré...y me abracé a tu espalda...
Tu respiración le puso ritmo a mi corazón que apenas palpitaba y así comencé un nuevo día, con una sonrisa en el rostro que nadie vio...
Nunca había visto las cosas tan claras, el techo que cubría mi cabeza era la pizarra y la tiza... la tiza era yo...
¡Cuantas cosas vi esa noche de estrellas pocas!, viajé al ayer que se cubrió de polvo, revisé el hoy que se extinguía y el mañana que solo su existir suponía...
Te vi como un fantasma, con el típico actuar de los entes que se deja ver de a poco y se difumina, que esta presente pero que a veces... a veces no se ve...
Me animaron algunos recuerdos pasajeros, cuando parecía feliz y reía, Sí, eran esos días en los que yo por un instante fui todo...
La tristeza resurgió como el fénix, al pensar en tí, vela apagada que dejó de iluminarme y que me ha dejado a oscuras tal cual estoy ahora...
Imaginé tantos hubieras, tantas cosas que me hubiese gustado vivir, sentir y compartir y que fuesen "esos" mis recuerdos más gratos...
No me dí cuenta del transcurrir del tiempo, que entre mis ahnelos, deseos y mi realidad se coló, y no me percaté que de segundo en segundo, de suspiro en suspiro se asomaba ya la mañana en su traje violeta tornasol...
Fue la noche más fugaz y más eterna, un viaje placentero y aterrador...
Agradecí estar de vuelta a salvo...
La luz entraba y poco a poco dejaba al descubierto mi alrededor, todo en su sitio, igual, nada había cambiado...
La alarma sonó recordándome que la vida sigue, una vez más suspiré...y me abracé a tu espalda...
Tu respiración le puso ritmo a mi corazón que apenas palpitaba y así comencé un nuevo día, con una sonrisa en el rostro que nadie vio...
viernes, 2 de noviembre de 2012
Olvidándote cada día más...
Hoy tengo la seguridad de haberte olvidado, si, lo digo sin titubear, ya no recuerdo ni tu rostro dulce ni tu mirada fija...
Ya no recuerdo nuestro día, ni la canción que armonizaba los maravillosos atardeceres tomados de las manos...
Fue larga la cura pero al fin ya no te pienso, ignoro lo que haces y con quien estés, ¡Qué dicha la mía!...
Te borré por fin, olvidé ya el sabor de tus besos y ya no reconozco tu aroma de entre los demás...
De tus caricias y abrazos cálidos no recuerdo nada sobre todo lo bien que me hacías sentir cuando a mi te aferrabas y soplabas un te quiero en mi oído...
Hoy ya no eres nada, ya no sé quién eres, ni escucho lo que dices, fue difícil sacar tu imagen exquisita de mis recuerdos pero lo hice, aun cuando gritaste que sería imposible y te creí...
De hoy en adelante al ver la luna ya no te veré reflejada en ella ni el sol me recordará tu sonrisa, ¡ya no, ya te olvidé!.
Ya no estás en mi memoria ni en en mi vida, al ver tu foto te desconozco y dudo recordar tu nombre... Se ha roto aquello sobrenatural que nos unía y que muchos enviadiaban, ya no sueño contigo ni me desvelo por tu causa...
Ya te has desvanecido como el humo del último cigarrillo que me fumé esta tarde...
Y ahora que ya no rebota tu ser en mis adentros seguiré adelante olvidándote cada día más…
Ya no recuerdo nuestro día, ni la canción que armonizaba los maravillosos atardeceres tomados de las manos...
Fue larga la cura pero al fin ya no te pienso, ignoro lo que haces y con quien estés, ¡Qué dicha la mía!...
Te borré por fin, olvidé ya el sabor de tus besos y ya no reconozco tu aroma de entre los demás...
De tus caricias y abrazos cálidos no recuerdo nada sobre todo lo bien que me hacías sentir cuando a mi te aferrabas y soplabas un te quiero en mi oído...
Hoy ya no eres nada, ya no sé quién eres, ni escucho lo que dices, fue difícil sacar tu imagen exquisita de mis recuerdos pero lo hice, aun cuando gritaste que sería imposible y te creí...
De hoy en adelante al ver la luna ya no te veré reflejada en ella ni el sol me recordará tu sonrisa, ¡ya no, ya te olvidé!.
Ya no estás en mi memoria ni en en mi vida, al ver tu foto te desconozco y dudo recordar tu nombre... Se ha roto aquello sobrenatural que nos unía y que muchos enviadiaban, ya no sueño contigo ni me desvelo por tu causa...
Ya te has desvanecido como el humo del último cigarrillo que me fumé esta tarde...
Y ahora que ya no rebota tu ser en mis adentros seguiré adelante olvidándote cada día más…
martes, 16 de octubre de 2012
El Día Que No Estuve En Madrid
Llovía lo recuerdo
bien, hacía frío y yo había olvidado mi abrigo en la silla del restaurante
chino en donde almorcé. Ya había leído más de tres veces la revista vieja que
tomé de una banca del parque en donde esperé largas horas aquel día.
Trás la tediosa e
impaciente espera veía mi reloj tratando inutilmente que con aquella frecuente
acción el tiempo circulara con más rapidez. Caminé hasta memorizar aquel lugar
que con sus tiendas, avenidas y su gente me destraían breves instantes, como la
estatua de mármol frente al ayuntamiento que simulaba ser una paloma, ¡que
tortura para ella saber que nunca emprendería el vuelo que parecía estar a
punto de tomar! -pensé- (igual que yo por razones distintas) la observé tanto
que estoy más que seguro que no la olvidaré nunca.
La gente que pasaba
frente a mí comenzó a verme curiosamente
algunos me sonrieron y otros me clavaron sus miradas punzo cortantes
amedrentando mi estadía.
El sol empezaba ya a
despedirse de mí lentamente, yo aburrido
y deseperado comencé a maldecir mi pobre suerte y tratando en vano de encontrar
la razón de la demora.
Revisé el recado que
me dejó sobre el escritorio la secretaria de la oficina en la que laboraba
hasta esta mañana, decía claramente (era obvio que no era su letra) "Nos
reuniremos en el lugar de la fotografía que está sobre la chimenea en la fecha
y hora en la que nos conocimos aquel día inolvidable"
Si mi memoria no
fallaba me encontraba allí mismo cerca del árbol de jacaranda en flor que
recordaba.
Las 4:30 pm habían
pasado 3 horas atrás y a mi costado se acomodaban ya decenas de pétalos
desepcionados.
Ya era de noche y aun
nada, quizás olvidé la hora exacta y aquel encuentro fue de noche, ya estaba
exhausto y hambriento, media hora después de haber visto mi reloj a las 8:00 pm
comencé a dudar de mi memoria.
Traté de hacer un
recorrido mental por su casa, situándome en la sala frente a la chimenea, pero
¡Por Dios! Tenía tantas fotografías que no podía reconocer a la que ella se
refería, sin duda era una de las peores pruebas que la vida me pudo dar, yo un
completo tipo despistado y con la memoria más breve que podía existir perdía la
batalla en el intento de recordar, hice trabajar mi cerebro al máximo y llegué
a la conclusión que fue en ese parque, por la noche el décimo quinto día del
décimo mes del décimo año del nuevo milenio y siendo hoy la misma fecha dos
años después no cabía la menor duda que estaba en lo correcto.
La lluvía de nuevo se
presentó ahora un poco más agresiva que la vez anterior y me empapé hasta los
huesos, el frío entumeció mis brazos desnudos y me temblaba todo el cuerpo. El
aguacero se fue tan rápido como llegó dejando su recuerdo en el suelo en donde
se reflejaba mi rostro tan pálido e infeliz como el de la solitaria luna.
Mientras estaba allí
sentado en la banca, intentanto inutilmente usar las hojas humedas de la
revista vieja para limpiar mis zapatos, un hombre de porte de caballero
refinado y de cabello blanco que pasaba a mi lado, volteó a verme y con una
mirada que derrochaba una tremenda pena por mí me dijo:
- amigo mío, debe
aceptarlo ya, la chica no vendrá- me dio una palmada en el hombro y me sonrió
con aires de pesar. Yo no sabía que decir, así que solamente le devolví una
sonrisa forzada tratando de ocultar con eso la reacción nefasta que me dieron
sus palabras.
Antes de que se
marchara me habló de nuevo y me dijo -mientras secaba la mano con la que me dio
la palmada - El ramo de rosas se ha deshecho y el día esta pronto a finalizar,
lloverá de nuevo lo sé bien y usted probablemente esté lejos de casa así que
tomado en cuenta todo eso sería mejor que se marche. Acomodó su sombrero y se fue.
Estaba completamente
seguro que el hombre tenía razón, el cielo empezaba a retumbar y los relámpagos
me alumbraban uno tras otro. Dejé lo que quedaba del ramo de rosas (solo los
tallos y el papel celofán con corazones rojos) sobre la banca testigo de mi
desdicha y recogí las casi deshechas hojas de la revista cuyos reportajes,
imagenes y la receta de fideos con crema de espárragos no olvidaré (la receta
espero poder hacerla algún día) y la coloqué también en la banca.
Caminé despacio, a
paso lento, creí estupidamente que quizás llegaría retrasada y le daría tiempo
para alcanzarme. (llegué a la esquina y no se apersonó) como suele pasar en
estos lamentables casos me empecé a cuestionar sobre mis errores, mis
descuidos, mi indiferencia hacia ciertos detalles minimos a los que quizás de haberles puesto un poco de atención no
hubiese estado en este predicamento. Saqué una vez más el papel con el recado y
lo leí y releí...
Vienieron a mi mente
como mandadas por una fuerza superior las imagenes de la sala de su casa
nuevamente, vi cada portaretratos uno a uno, se veía hermosa a sus 15 años en
su recital, el vestido café que usó en su graduación vaya que le sentaba bien,
el verano que pasó en la playa con sus padres, donde se le veía el rostro
rebosate de alegría, y la fotografía que yo mismo le tomé junto al árbol de
jacaranda en flor aquella tarde de agosto cuando el sol la hacía ver como un
ángel. (terminé de alusinar sin darme cuenta sino hasta minutos después de mi
tremendo error)
¡Una tarde de agosto!
-grité- alterando a un par de perros que olfateban sus traseros cerca de un
basurero o pocos metros de mí.
Lo supe entonces,
corrí como alma que lleva el Diablo, no me importó la hora es más ni sabía que
hora era, solo sé que corrí hasta que las fuerzas no daban para más hasta que
llegué a su casa. Una luz aun estaba encendida, tomé un poco de aire antes de
tocar y con el dedo tembloroso presioné el timbre. Minutos después su madre me
daba las buenas noches con el ceño fruncido y con la duda en los ojos.
Le expliqué a grandes
rasgos el motivo de mi visita y ella me invitó a pasar con un gesto de
inconformidad (no la juzgo pues tenía razon, yo no lo sabía pero faltaban pocos
minutos para la media noche)
Me acompañó hasta la
sala (el lugar en el que pensé todo el día) allí estaba yo parado viéndolo todo
y luciendo como un tonto, se estaba demorando un poco, cosa que me parecía
lógica pues ya debía haber estado durmiendo, me dio pena. mientras veía todo
tratando de memorizar cada objeto para futuras ocasiones (en esos momentos mi
memoria estaba En su punto de absorción más fuerte) me acerqué a la chimenea y
con mi risa de bobo vi las fotos nuevamente, mi memoria para variar había
obviado algunas y al verlas me ruboricé.
Conté once marcos diferentes de fotografías, cinco a cada lado del marco
más grande que estaba al centro, eché un vistazo a mi alrededor y aun no se
asomaba nadie, lo cual me alegró a pesar de que moria de ganas de verla, el
retraso daría tiempo a que se secasen las huellas que dejé en la alfombra.
De pronto mientras mi
ingenua mirada rebotaba por doquier fijé mi vista en los protaretratos otra vez
y fue en ese instante en el que supe que yo era el rey de los tontos.
En la fotografía del
centro de la chimenea figuraba una hermosa plaza de cielos despejados y
elegante arquitectura, no podía dejar de verla y mi corazón comenzó a palpitar
incrementando su velocidad con cada latido. Recordé entonces el mensaje, esa
era la foto del encuentro, un portazó me anunció que alguien se aproximaba, yo
en ese corto instante solo me preguntaba ¿Me habré equivocado de fecha también?
Su madre regresó a la
sala y en su rostro leí lo sucedería luego, se acercó a mi y me dijo:
-hablé con ella y me
ha dicho que te has retrasado por tres días, y que te esperó aun cuando el clima y la
desesperación la invitaban a rendirse, me ha pedido que te diga que no te
imaginas lo que sufrió y pensó en tan fatidica espera y que ese día frustante en la plaza de Madrid jamás lo
olvidará.
miércoles, 10 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
FIN
En una hoja en blanco escribí, reviví…
Expresando lo que hay en mí, describí…
Lo que pensaba anoté, recordé…
Llanto y risas con letras dibujé, reflexioné…
La pluma plasmó mis pensamientos, tormentos…
En la balanza mis pasados días, momentos…
Mis sentimientos con tinta expresados, inmortalizados…
Amor y odio entrelazados, enfrentados…
No quiero alejarme, escaparme…
Él quiso dejarme, destrozarme…
Borraré de esta hoja su recuerdo, acuerdo…
Lágrimas corren mientras mis labios muerdo, pierdo…
Lo que sentí mientras escribo desaparece, perece…
Que no le olvide no se merece, adolece…
No le pensaré más cuando acabe esta escritura, tortura…
Muerte a quien amar sin sentir jura, basura…
FIN he escrito, de escribir he terminado, olvidado…
El dolor y el amor han acabado, enterrado…
Algo nuevo y mejor habrá, vendrá…
Algo que jamás mi corazón borrará, permanecerá…
Expresando lo que hay en mí, describí…
Lo que pensaba anoté, recordé…
Llanto y risas con letras dibujé, reflexioné…
La pluma plasmó mis pensamientos, tormentos…
En la balanza mis pasados días, momentos…
Mis sentimientos con tinta expresados, inmortalizados…
Amor y odio entrelazados, enfrentados…
No quiero alejarme, escaparme…
Él quiso dejarme, destrozarme…
Borraré de esta hoja su recuerdo, acuerdo…
Lágrimas corren mientras mis labios muerdo, pierdo…
Lo que sentí mientras escribo desaparece, perece…
Que no le olvide no se merece, adolece…
No le pensaré más cuando acabe esta escritura, tortura…
Muerte a quien amar sin sentir jura, basura…
FIN he escrito, de escribir he terminado, olvidado…
El dolor y el amor han acabado, enterrado…
Algo nuevo y mejor habrá, vendrá…
Algo que jamás mi corazón borrará, permanecerá…
Cuando se olvidó de ella
Le pidió sin palabras que se quedará allí, de cuclillas en el rincón, su vestido apenas cubría la mitad se sus piernas y sus brazos calidamente abrazaban sus rodillas temblorosas. No le importó dejarla en la oscuridad aun sabiendo que le temía y poco le importaron los bichos que a su alrededor ya se agrupaban, prefirío no voltearle a ver antes de salir de la habitación.
El sonido fuerte de la puerta al cerrarse la sobresaltó, apretando los ojos para impedirse ver sus miedos, se quedó quieta hasta que su corazón se calmó.
El viento hacía crujir el techo haciendo que las ramas del árbol golpearan el tejado dándole una melodía casi fantasmagórica a la escena. Allí olvidada recordó su vida hacía poco antes.
Las horas pasaban y ella porfin volvió, entró sin saludar y se cambió de ropas, sin siquiera verle le contaba su día, y enriquecía su ego al decir que cumplió sus deseos y que segura estaba de conseguir su amor.
Guardó en una gaveta sus ilusiones, su pensar y sus dudas, y decoró la habitación con sus deseos, sus fantasías y algunos buenos momentos, en su diario omitió las fechas y anotó frases y palabras de amor que le dijo un día, se aseguró de no mostrar su escote y su maquillaje cambió de tono, guardó sus vestidos y los dejó empolvarse.
Los días para ella fueron empeorando, las telarañas adornaban aquel cabello cuyo brillo y aroma a flores del campo había desaparecido, su piel la cubría una capa gruesa de polvo donde los ácaros se instalaron hacía mucho corroyéndola, su vestido naranja y amarillo se volvió gris y desteñido, olvidó como era su rostro y con sus uñas crecidas hacia dibujos en la suciedad del piso. Ella no se había puesto tampoco más bella ni era feliz, de pronto dejó de entrar sonriendo y de detallarle su día.
Lloraba más que reía y su mirada perdió su luz, le tenía, más algo había perdido. Revisó su vocabulario y no encontró sus palabras, buscó en sus días y no halló más que todo aquello que había dejado de hacer.
Ella permanecía muda en el rincón, estaba casi ciega, había olvidado como hablar, pero no olvidaba lo que quería decir, de pronto había dejado de llorar, sus ojos estaban secos, su corazón también había cambiado y latía diferente.
Optó por la sordera para evitar desear oir aquellas palabras, su ceño se arrugó permanentemente y por más que se arreglaba no se veía bonita.
Ella empezó a cambiar, estiró las piernas sin temor a ser reprendida y movía sus pies entumecidos como tratando de despertarlos.
La vio entrar de nuevo llorando, más sabía que afuera había estado riendo, esta vez sus miradas se encontraron en silencio y recordó sus antiguas facciones.
Se ruborizó, el verse tan deteriorada le daba verguenza, se quitó algunas telarañas del cabello y sacudió el polvo de sus hombros. Ella la veía con las lágrimas bajando por sus mejillas, nudos pasaban por su estrecha garganta y permanecía inmóvil sin saber que decir.
Pasó a su lado evitando que sus piernas ahora estiradas le hicieran tropezar y huyó del lugar.
Ella encogió de nuevo sus piernas y se quedó pensando, dirigió su vista a todos lados buscando su esencia y no la halló, encontró solo restos de lo que alguna vez quiso y cientos de miles de caprichos cumplidos como de seguro los tendría un mago o el genio de la lámpara maravillosa. acariciaba como siempre sus manos frías y en extremo delgadas, tratando de darse calor.
Pasaron dias y ella no volvía, todo a su alrededor estaba polvoriento, apolillado y roto. Una tarde de junio la vio entrar de nuevo, con la alegría marchita, bañada en llanto pero no de desamor a él lo tenía, sino por eso que había perdido. Cerró la puerta tras ella con llave, jamás volvería a salir dijo, sus fuerzas se acabaron, su utilidad se menguaba y ya no habían mas cosas nuevas que complacer, ya no sabía que más hacer así que volvía.
Le costó reconocerle, parecía un bulto casi enterrado por el tiempo, todo estaba casi destruido tanto como lo estaba su interior, movió una librera que estaba a un extremo de la habitación, ratas, arañas y otras alimañas salieron despavoridas, y en el espacio vacío se instaló.
Una mirada fija y penetrante la incomodaba, levantó la cabeza dejando caer al suelo tierra y desconcierto, despegó sus párpados con fuerza hace tiempo había decidido no ver lo que de seguro otros veían, enfocó bien y la vio, estaba de cuclillas en el rincón justo frente a ella. Llevaba un vestido naranja amarillo y su cabello brillaba y despedía un aroma a flores del campo que inundó el lugar matando sin piedad al olor a rancio, humedad y olvido.
Ella al verle lo supo todo, no necesitaba explicación alguna, su sola presencia lo gritaba, nunca la había dejado de esperar, volvió a estirar las piernas y desentumeció sus pies, luego las rodillas, movió entonces sus brazos y empuñaba las manos y estiraba los dedos haciendo circular en ella de nuevo la vida.
Ella estaba allí con sus ojos muy abiertos y casi sin parpadear viéndolo todo, sentía miedo y esperaba la venganza empuñando en una mano los reproches y en la otra la burla.
Tal y como de detrás de la librera salieron bichos también salieron cuando ella se puso de pie, no dejó de sacudir su vestido hasta que vio de nuevo los colores, peinó con sus dedos su cabello hasta que estuvo sedoso otra vez. Sus primeros pasos fueron torpes y se cayó más de una vez. La vio fijamente mientras tiró al suelo la vieja decoración y la vio aun más profundamente cuando sacó de la gaveta sus ilusiones, su pensar y sus dudas.
Ella la veía horrorizada cuando se maquilló y se puso aquel vestido con el que se veía tan hermosa. Lo limpió todo, se dehizo de aquello que le causaba pesar empezando por las cientos de miles de complacencias y en su lugar juró que pondría los trofeos de sus propios anhelos.
Ella entonces reaccionó, le tomoó el tiempo necesario, a punto estuvo de convertirse en presa de sus temores mismos infames que ya le habían capturado una vez.
Se levantó entonces, impidiendo que saliera por la puerta lo que comprendió en ese momento era lo que necesitaba, aquello que había perdido. En ese mismo instante se fusinaron y se escuchó una sola voz prometiendo jamás abandonarse de tal manera.
El sonido fuerte de la puerta al cerrarse la sobresaltó, apretando los ojos para impedirse ver sus miedos, se quedó quieta hasta que su corazón se calmó.
El viento hacía crujir el techo haciendo que las ramas del árbol golpearan el tejado dándole una melodía casi fantasmagórica a la escena. Allí olvidada recordó su vida hacía poco antes.
Las horas pasaban y ella porfin volvió, entró sin saludar y se cambió de ropas, sin siquiera verle le contaba su día, y enriquecía su ego al decir que cumplió sus deseos y que segura estaba de conseguir su amor.
Guardó en una gaveta sus ilusiones, su pensar y sus dudas, y decoró la habitación con sus deseos, sus fantasías y algunos buenos momentos, en su diario omitió las fechas y anotó frases y palabras de amor que le dijo un día, se aseguró de no mostrar su escote y su maquillaje cambió de tono, guardó sus vestidos y los dejó empolvarse.
Los días para ella fueron empeorando, las telarañas adornaban aquel cabello cuyo brillo y aroma a flores del campo había desaparecido, su piel la cubría una capa gruesa de polvo donde los ácaros se instalaron hacía mucho corroyéndola, su vestido naranja y amarillo se volvió gris y desteñido, olvidó como era su rostro y con sus uñas crecidas hacia dibujos en la suciedad del piso. Ella no se había puesto tampoco más bella ni era feliz, de pronto dejó de entrar sonriendo y de detallarle su día.
Lloraba más que reía y su mirada perdió su luz, le tenía, más algo había perdido. Revisó su vocabulario y no encontró sus palabras, buscó en sus días y no halló más que todo aquello que había dejado de hacer.
Ella permanecía muda en el rincón, estaba casi ciega, había olvidado como hablar, pero no olvidaba lo que quería decir, de pronto había dejado de llorar, sus ojos estaban secos, su corazón también había cambiado y latía diferente.
Optó por la sordera para evitar desear oir aquellas palabras, su ceño se arrugó permanentemente y por más que se arreglaba no se veía bonita.
Ella empezó a cambiar, estiró las piernas sin temor a ser reprendida y movía sus pies entumecidos como tratando de despertarlos.
La vio entrar de nuevo llorando, más sabía que afuera había estado riendo, esta vez sus miradas se encontraron en silencio y recordó sus antiguas facciones.
Se ruborizó, el verse tan deteriorada le daba verguenza, se quitó algunas telarañas del cabello y sacudió el polvo de sus hombros. Ella la veía con las lágrimas bajando por sus mejillas, nudos pasaban por su estrecha garganta y permanecía inmóvil sin saber que decir.
Pasó a su lado evitando que sus piernas ahora estiradas le hicieran tropezar y huyó del lugar.
Ella encogió de nuevo sus piernas y se quedó pensando, dirigió su vista a todos lados buscando su esencia y no la halló, encontró solo restos de lo que alguna vez quiso y cientos de miles de caprichos cumplidos como de seguro los tendría un mago o el genio de la lámpara maravillosa. acariciaba como siempre sus manos frías y en extremo delgadas, tratando de darse calor.
Pasaron dias y ella no volvía, todo a su alrededor estaba polvoriento, apolillado y roto. Una tarde de junio la vio entrar de nuevo, con la alegría marchita, bañada en llanto pero no de desamor a él lo tenía, sino por eso que había perdido. Cerró la puerta tras ella con llave, jamás volvería a salir dijo, sus fuerzas se acabaron, su utilidad se menguaba y ya no habían mas cosas nuevas que complacer, ya no sabía que más hacer así que volvía.
Le costó reconocerle, parecía un bulto casi enterrado por el tiempo, todo estaba casi destruido tanto como lo estaba su interior, movió una librera que estaba a un extremo de la habitación, ratas, arañas y otras alimañas salieron despavoridas, y en el espacio vacío se instaló.
Una mirada fija y penetrante la incomodaba, levantó la cabeza dejando caer al suelo tierra y desconcierto, despegó sus párpados con fuerza hace tiempo había decidido no ver lo que de seguro otros veían, enfocó bien y la vio, estaba de cuclillas en el rincón justo frente a ella. Llevaba un vestido naranja amarillo y su cabello brillaba y despedía un aroma a flores del campo que inundó el lugar matando sin piedad al olor a rancio, humedad y olvido.
Ella al verle lo supo todo, no necesitaba explicación alguna, su sola presencia lo gritaba, nunca la había dejado de esperar, volvió a estirar las piernas y desentumeció sus pies, luego las rodillas, movió entonces sus brazos y empuñaba las manos y estiraba los dedos haciendo circular en ella de nuevo la vida.
Ella estaba allí con sus ojos muy abiertos y casi sin parpadear viéndolo todo, sentía miedo y esperaba la venganza empuñando en una mano los reproches y en la otra la burla.
Tal y como de detrás de la librera salieron bichos también salieron cuando ella se puso de pie, no dejó de sacudir su vestido hasta que vio de nuevo los colores, peinó con sus dedos su cabello hasta que estuvo sedoso otra vez. Sus primeros pasos fueron torpes y se cayó más de una vez. La vio fijamente mientras tiró al suelo la vieja decoración y la vio aun más profundamente cuando sacó de la gaveta sus ilusiones, su pensar y sus dudas.
Ella la veía horrorizada cuando se maquilló y se puso aquel vestido con el que se veía tan hermosa. Lo limpió todo, se dehizo de aquello que le causaba pesar empezando por las cientos de miles de complacencias y en su lugar juró que pondría los trofeos de sus propios anhelos.
Ella entonces reaccionó, le tomoó el tiempo necesario, a punto estuvo de convertirse en presa de sus temores mismos infames que ya le habían capturado una vez.
Se levantó entonces, impidiendo que saliera por la puerta lo que comprendió en ese momento era lo que necesitaba, aquello que había perdido. En ese mismo instante se fusinaron y se escuchó una sola voz prometiendo jamás abandonarse de tal manera.
El monólogo de Soledad
Todo en la habitación está cubierto de polvo, hace tanto que nadie viene, sobre la mesa un florero opaco por las telarañas que lo han envuelto, tiene en sus adentros tallos secos de rosas sin vida, marchitas por el tiempo y a su alrededor pétalos disecados cuyo color rojo se ha tornado ya en marrón.
Ya ni los ratones se asoman como antes, ya no queda nada, la luz del día entra tímida por uno se los vidrios rotos de la ventana y el rayo de luz apunta directo a la fotografía que no me canso de ver.
El calendario colgado en la pared se estancó en octubre.
Antes, constantemente abría la puerta y me asomaba con la esperanza de verle, creí que volvería pronto, pero no lo hizo y yo me cansé y dejé de esperar.
Estuve tanto tiempo a su lado que le extraño demasiado, a pesar de que me dejó, que me abandonó en este cuarto que solíamos compartir. Le cobijé en las noches, le consolé en sus tristezas, le aconsejé mientras abrazaba su almohada, pero todo se acabó aquel día.
Aunque a veces se hartaba de mi presencia y renegaba de mí, algunas veces también me añoraba. Quizás no fui la mejor de las compañías, pero más de una vez le acompañé.
Lo más seguro es que esté disfrutando de su vida y por eso no ha vuelto, es obvio que se ha olvidado de mí. El día de su partida se repite en mi mente a cada instante, olvidar aquel momento no he podido, me paré en un rincón a verle empacar sus cosas, se despidió de mi con una sonrisa y se fue. Esa sonrisa de alivio, de felicidad, me estremeció.
Me ha pasado muchas veces, al principio parecen quererme y necesitarme, pero luego, la necesidad de estar conmigo se va haciendo menos, hasta que me vuelvo un problema en sus vidas y al final buscan compañía y me dejan.
No les culpo, sé muy bien que no es fácil convivir por siempre con la Soledad.
Ya ni los ratones se asoman como antes, ya no queda nada, la luz del día entra tímida por uno se los vidrios rotos de la ventana y el rayo de luz apunta directo a la fotografía que no me canso de ver.
El calendario colgado en la pared se estancó en octubre.
Antes, constantemente abría la puerta y me asomaba con la esperanza de verle, creí que volvería pronto, pero no lo hizo y yo me cansé y dejé de esperar.
Estuve tanto tiempo a su lado que le extraño demasiado, a pesar de que me dejó, que me abandonó en este cuarto que solíamos compartir. Le cobijé en las noches, le consolé en sus tristezas, le aconsejé mientras abrazaba su almohada, pero todo se acabó aquel día.
Aunque a veces se hartaba de mi presencia y renegaba de mí, algunas veces también me añoraba. Quizás no fui la mejor de las compañías, pero más de una vez le acompañé.
Lo más seguro es que esté disfrutando de su vida y por eso no ha vuelto, es obvio que se ha olvidado de mí. El día de su partida se repite en mi mente a cada instante, olvidar aquel momento no he podido, me paré en un rincón a verle empacar sus cosas, se despidió de mi con una sonrisa y se fue. Esa sonrisa de alivio, de felicidad, me estremeció.
Me ha pasado muchas veces, al principio parecen quererme y necesitarme, pero luego, la necesidad de estar conmigo se va haciendo menos, hasta que me vuelvo un problema en sus vidas y al final buscan compañía y me dejan.
No les culpo, sé muy bien que no es fácil convivir por siempre con la Soledad.
lunes, 8 de octubre de 2012
PECADO DE VANIDAD
Alma primorosa…
Vestida siempre de lila y rosa…
Fruta dulce por costumbre…
A tu paso aroma a podredumbre…
Bella, inteligente y agraciada…
Maldita, mala y desgraciada…
Vendiste algo que a ti no te pertenece…
Hoy tu hermoso cuerpo de alma carece…
Muñeca de mejillas rojas y cabellos dorados…
¡Vanidosa! tus días de paz están contados…
Aquella sombra negra que seguiste…
Se ríe en la oscuridad por la estupidez que hiciste…
Te ofreció todo lo que siempre imaginaste…
¡Tonta! ¿Por qué antes el precio no preguntaste?
Divina flor de aspecto inimaginable…
Has hecho un pacto con un ser abominable…
Tu reflejo es perfecto…
Careces de amor, tranquilidad y afecto…
A tu lado camina y te muestra su saña…
Sientes como en tus adentros su nido teje la araña…
Tu sangre veneno suyo que en ti recorre…
No estará satisfecho hasta que de tu rostro la sonrisa borre…
Ya está escrito…
Tu vida acabará al escuchar de dolor un grito…
Tu cara de diosa…
Comida de gusanos en la fosa…
Por ser la más bella, la más hermosa…
Ignoraste las consecuencias de tan grave cosa…
Marcado esta el día en el calendario…
Ya no reirás ni verás el sol a diario…
En su calabozo te perderás de la dicha el placer…
Maldecirás aquel día en que una mujer divina deseaste ser…
Vestida siempre de lila y rosa…
Fruta dulce por costumbre…
A tu paso aroma a podredumbre…
Bella, inteligente y agraciada…
Maldita, mala y desgraciada…
Vendiste algo que a ti no te pertenece…
Hoy tu hermoso cuerpo de alma carece…
Muñeca de mejillas rojas y cabellos dorados…
¡Vanidosa! tus días de paz están contados…
Aquella sombra negra que seguiste…
Se ríe en la oscuridad por la estupidez que hiciste…
Te ofreció todo lo que siempre imaginaste…
¡Tonta! ¿Por qué antes el precio no preguntaste?
Divina flor de aspecto inimaginable…
Has hecho un pacto con un ser abominable…
Tu reflejo es perfecto…
Careces de amor, tranquilidad y afecto…
A tu lado camina y te muestra su saña…
Sientes como en tus adentros su nido teje la araña…
Tu sangre veneno suyo que en ti recorre…
No estará satisfecho hasta que de tu rostro la sonrisa borre…
Ya está escrito…
Tu vida acabará al escuchar de dolor un grito…
Tu cara de diosa…
Comida de gusanos en la fosa…
Por ser la más bella, la más hermosa…
Ignoraste las consecuencias de tan grave cosa…
Marcado esta el día en el calendario…
Ya no reirás ni verás el sol a diario…
En su calabozo te perderás de la dicha el placer…
Maldecirás aquel día en que una mujer divina deseaste ser…
¡ME QUIERO MORIR PRIMERO!
En días como este en el que plenamente sé
que te quiero afirmo de nuevo que me quiero morir primero.
Sí, me quiero morir primero porque no
soportaría que fueses un recuerdo, agonisaría a diario pensando en que no te
veré más.
Por eso me quiero morir primero porque te
pensaría con tal frecuencia que dejaría de ser yo y me convertiría en tí.
Sí, me quiero morir primero, porque
enloquecería tratando de llenar tu vacío no pudiéndolo hacer jamás.
Por eso sonrío aun en mis peores días y
olvido los enojos y repito las mismas palabra dulces para que cuando llegue el
día lo haya hecho y dicho todo.
Sí, me quiero morir primero porque el
decirte adiós enlutaría mi alma y la alegría me abandonaría allí mismo.
Por eso me quiero morir primero porque no
me bastaría ver tu rostro en mi memoria sin poder acariciarlo.
Sí, me quiero morir primero porque tu voz y
las melodías que oímos juntos serían el coro que acompañaría mi llanto.
Por eso me quiero morir primero para
esperarte sabiendote bien y siguir viviendo en tu corazón.
Sí, me quiero morir primero porque
sin tí mi vida no tendría razón de ser y con nada se sanaría la herida que le
dejarías a mi ser completo.
Por eso me quiero morir primero, porque
sabría que no que sería un adiós para siempre y aun que sé que es una cobardía el
vivir sin tí sería una de mis peores pesadillas
Sí, me quiero morir primero porque
la soledad me ataría a un rincón en donde acabaría fundiéndome con la oscuridad
Por eso me quiero morir primero porque me
ahogaría en el mar de tristeza que me dajarías con tu partida y vagaría por el mundo como un ser sin vida
Sí, me quiero morir primero porque
tu ausencía sería el detonante de mi total demencia y jamás superaría el no
tenerte cerca
Por eso me quiero morir primero, cruzar esa línea a
lo desconocido para abrirte paso y verte llegar mucho después
Sí, me quiero morir primero porque el amor
que te profeso es tan inmenso que no concibo perderte.
Por eso me quiero morir primero porque sin
tí simplemente no podría seguir.
martes, 2 de octubre de 2012
LA CARNICERÍA
Pasar por aquella calle era un suplicio para muchos, durante años había sido conocida como "La Calle Empedrada" unas semanas atras fue rebautizada con el nombre de "La Calle de la Carnicería", yo en aquel momento no entendía el por qué del problema ni el disgusto de muchos por el nuevo negocio. A muchos niños, incluyéndome a mi nos despertaba la curiosidad, escuchabamos historias sobre el lugar, oímos decir que tenían cabezas de vaca y cerdos, que trozos enormes carne colgaban de un gancho y que vendían las víceras para hacer guisos, vivíamos en un pueblo costero en donde practicamente se comía solo lo que se sacaba del mar, muchas veces tratamos de escabullirnos y ver como era la famosa carnicería pero siempre fuimos pillados y reprendidos por tan grave acción.
Cada tarde mamá, mi hermano y yo ibamos al parque donde aprovechabamos a jugar mientras mamá vendía los dulces que había preparado en la mañana, la carnicería quedaba camino al parque y recuerdo como ella nos cubría los ojos con sus manos y nos apretaba la cara contra su vientre para evitar que vieramos el negocio al pasar enfrente.
A pesar de que muchos odiaban esa carnicería y que intentaron a toda costa cerrarlo, otros a su vez iban hasta dos veces al dia y siempre había gente en la puerta queriendo entrar.
El tiempo pasó y la carnicería creció, varias mujeres que antes se expresaron mal de ella consiguieron un empleo allí.
En casa empezaron los problemas cuando una tarde camino al parque mamá vio (yo también lo vi pero siempre lo negué) a papá en la puerta del negocio infernal, así lo llamaba ella.
Papa insistió en que fue a ver que era eso que tanto llamaba la atención, mamá estaba tan molesta que golpeaba las cosas que tenía cerca y luego se encerró en su habitacion y yo no entendía por qué tanto alboroto por echarle un ojo a la carne.
Todo esto hacía que mi curiosidad creciera y fue cuando cumplí 15 años, cinco años después de la apertura de aquel misterioso lugar que comencé a atar cabos, una tarde en casa, a pocos meses de que papá nos abandonara, le dije a mamá que intentaramos conseguir empleo, las carencias eran muchas y era necesario, sugerí que la carnicería sería un buen lugar, en tanto tiempo no dejó de tener clientes y aquellas personas que se habían empleado allí estaban muy bien economicamente. Mamá se negó y juró que moriría antes de hambre que ir a ese lugar y me lo prohibió a mí. Antes de terminar la convesarción me dijo:
¿Acaso has visto a alguien hacer una parrillada en todo este tiempo?
Pense muy bien en esa pregunta y la respuesta a ella era que jamás había visto ni un solo pedazo de carne ni cruda ni cocida. Y este pensamiento trajó otros como: por más que mamá nos tapara los ojos logramos ver algo, las paredes rojas con blanco y una puerta gris, pero nunca vi carne colgando es más jamás había visto al carnicero ni escuché comentarios de él ni su nombre. Me empezaba a resultar extraño la gente entraba y tardaba siempre horas en salir, parecía no importarles que la carne se arruinara, por las tardes las empleadas salían a la puerta y algunas se sentaban en la acera, jamás con gabacha, sin mallas que cubrieran su cabello y con ropas para nada acordes a la temperatura de un cuarto refrigerado donde ellas mismas decían trabajar.
La duda me llevó esta tarde noche a ver con mis propios ojos lo que sucedía allí, caminé por aquella calle a paso lento, eran las 6:30 pm el cielo se oscurecía, había gente alrededor y los que me reconocieron me saludaron.
Lo primero que noté fue algo que jamás había logrado ver, un rótulo que decía "Bienvenidos" con letras de colores llamativos. Aracely, una chica con la que estudié la primaria estaba en la puerta, me saludó y yo no podía creer que fuese ella, lucía muy bien aunque un poco destapada como diría mamá. Ella llevaba poco más de un año laborando allí y me hablaba de lo bien que se la pasaban y que a pesar del horario y de las tareas que había que realizar, valía la pena, y ahora podía ayudar a su madre a mantener a sus hermanos y a su padre enfermo. Después de charlar un rato, le dije estaba allí porque quería comprar carne, ella se me quedó viendo con sus ojos azules muy abiertos y me dijo en el oído "sigueme", tenía en mi mano el billete con el que pensé compraría un trozo de bistec, Aracely abrió la puerta y me invitó a pasar.
caminamos por un pequeño pasillo, Aracely venía detrás, se adelantó unos pasos y retiró con su mano una cortina hecha de canicas o eso parecían..
No se parecía para nada a las carnicerías de las que sabía y vi en fotografias, pero si era similar. La carne aquí no colgaba de ganchos de techo, aquí estaba sobre pequeñas mesas que parecían de vidrio o de algo parecido, la carne no estaba dentro del cuarto frío esperando que el cliente la eligiera, aqui la carne estaba afuera y era hasta que el cliente la elegía cuando la ponían en el cuarto. No había un mostrador al frente donde se puede ver que tipo de carnes hay y si tienen grasa o no o si esta fresca, suave o dura, aquí las muestras estaban por doquier y los clientes solo alzaban sus manos y podían tocar y elegir. El carnicero era el típico hombre rudo regordete, estaba sentado a un lado de una especie de vitrina donde contaba billetes mientras dentro de ella los clientes veían el mejor tipo de carne que ofrecía la tienda, pero este no estaba a la venta, era solo para ver y saborearse los labios.
Aracely se unió al desfile de muestras de carne y yo me quedé allí parado, sintiéndome un tonto aun con el billete en la mano.
Al salir de alli comprendí todo, durante años jamás lo pensé pero ahora analizándolo bien no hubo mejor sobrenombre para el lugar.
Volví a casa, nunca le dije a mamá que fui a la carnicería, pero sabía que ella lo supo esa tarde cuando volví, recuerdo que me senté junto a ella y la ayudé a preparar dulces que vendimos al día siguiente.
Cada tarde mamá, mi hermano y yo ibamos al parque donde aprovechabamos a jugar mientras mamá vendía los dulces que había preparado en la mañana, la carnicería quedaba camino al parque y recuerdo como ella nos cubría los ojos con sus manos y nos apretaba la cara contra su vientre para evitar que vieramos el negocio al pasar enfrente.
A pesar de que muchos odiaban esa carnicería y que intentaron a toda costa cerrarlo, otros a su vez iban hasta dos veces al dia y siempre había gente en la puerta queriendo entrar.
El tiempo pasó y la carnicería creció, varias mujeres que antes se expresaron mal de ella consiguieron un empleo allí.
En casa empezaron los problemas cuando una tarde camino al parque mamá vio (yo también lo vi pero siempre lo negué) a papá en la puerta del negocio infernal, así lo llamaba ella.
Papa insistió en que fue a ver que era eso que tanto llamaba la atención, mamá estaba tan molesta que golpeaba las cosas que tenía cerca y luego se encerró en su habitacion y yo no entendía por qué tanto alboroto por echarle un ojo a la carne.
Todo esto hacía que mi curiosidad creciera y fue cuando cumplí 15 años, cinco años después de la apertura de aquel misterioso lugar que comencé a atar cabos, una tarde en casa, a pocos meses de que papá nos abandonara, le dije a mamá que intentaramos conseguir empleo, las carencias eran muchas y era necesario, sugerí que la carnicería sería un buen lugar, en tanto tiempo no dejó de tener clientes y aquellas personas que se habían empleado allí estaban muy bien economicamente. Mamá se negó y juró que moriría antes de hambre que ir a ese lugar y me lo prohibió a mí. Antes de terminar la convesarción me dijo:
¿Acaso has visto a alguien hacer una parrillada en todo este tiempo?
Pense muy bien en esa pregunta y la respuesta a ella era que jamás había visto ni un solo pedazo de carne ni cruda ni cocida. Y este pensamiento trajó otros como: por más que mamá nos tapara los ojos logramos ver algo, las paredes rojas con blanco y una puerta gris, pero nunca vi carne colgando es más jamás había visto al carnicero ni escuché comentarios de él ni su nombre. Me empezaba a resultar extraño la gente entraba y tardaba siempre horas en salir, parecía no importarles que la carne se arruinara, por las tardes las empleadas salían a la puerta y algunas se sentaban en la acera, jamás con gabacha, sin mallas que cubrieran su cabello y con ropas para nada acordes a la temperatura de un cuarto refrigerado donde ellas mismas decían trabajar.
La duda me llevó esta tarde noche a ver con mis propios ojos lo que sucedía allí, caminé por aquella calle a paso lento, eran las 6:30 pm el cielo se oscurecía, había gente alrededor y los que me reconocieron me saludaron.
Lo primero que noté fue algo que jamás había logrado ver, un rótulo que decía "Bienvenidos" con letras de colores llamativos. Aracely, una chica con la que estudié la primaria estaba en la puerta, me saludó y yo no podía creer que fuese ella, lucía muy bien aunque un poco destapada como diría mamá. Ella llevaba poco más de un año laborando allí y me hablaba de lo bien que se la pasaban y que a pesar del horario y de las tareas que había que realizar, valía la pena, y ahora podía ayudar a su madre a mantener a sus hermanos y a su padre enfermo. Después de charlar un rato, le dije estaba allí porque quería comprar carne, ella se me quedó viendo con sus ojos azules muy abiertos y me dijo en el oído "sigueme", tenía en mi mano el billete con el que pensé compraría un trozo de bistec, Aracely abrió la puerta y me invitó a pasar.
caminamos por un pequeño pasillo, Aracely venía detrás, se adelantó unos pasos y retiró con su mano una cortina hecha de canicas o eso parecían..
No se parecía para nada a las carnicerías de las que sabía y vi en fotografias, pero si era similar. La carne aquí no colgaba de ganchos de techo, aquí estaba sobre pequeñas mesas que parecían de vidrio o de algo parecido, la carne no estaba dentro del cuarto frío esperando que el cliente la eligiera, aqui la carne estaba afuera y era hasta que el cliente la elegía cuando la ponían en el cuarto. No había un mostrador al frente donde se puede ver que tipo de carnes hay y si tienen grasa o no o si esta fresca, suave o dura, aquí las muestras estaban por doquier y los clientes solo alzaban sus manos y podían tocar y elegir. El carnicero era el típico hombre rudo regordete, estaba sentado a un lado de una especie de vitrina donde contaba billetes mientras dentro de ella los clientes veían el mejor tipo de carne que ofrecía la tienda, pero este no estaba a la venta, era solo para ver y saborearse los labios.
Aracely se unió al desfile de muestras de carne y yo me quedé allí parado, sintiéndome un tonto aun con el billete en la mano.
Al salir de alli comprendí todo, durante años jamás lo pensé pero ahora analizándolo bien no hubo mejor sobrenombre para el lugar.
Volví a casa, nunca le dije a mamá que fui a la carnicería, pero sabía que ella lo supo esa tarde cuando volví, recuerdo que me senté junto a ella y la ayudé a preparar dulces que vendimos al día siguiente.
El Mensaje en la Servilleta
Las risas se acabaron de pronto, el silencio llenó cada uno de los espacios vacios de la habitación, nadie decía nada, aunque sin duda todos tenían mucho que decir en ese momento.
Nada, no se oía nada, tan solo la respiración de todos al unísono que entre cortos y largos suspiros le daban cierta melodía al silencio.
Ahí estaban todos viéndose los unos a los otros, cada uno tratando de encontrar al culpable, al malhechor que había causado tan trágico momento. Todo se lanzaban acusadoras miradas como puñales. Pobres ignorantes si tan solo supieran que todos, que cada uno tiene parte de culpa en todo esto.
Parecían estar pegados al suelo, estatuas inmóviles que rodeaban la escena, escena lúgubre, triste, incomprensible. Pocos fueron, solo algunos los que intentaron decir algo, pero casi al instante apresaron sus labios con su mano izquierda y evitaron que palabra alguna saliere y aguantándose las náuseas de opinión impidieron que el vómito de la verdad brotara de sus bocas.
Salir de ahí sería como huir cobardemente pensaban, pero quedarse era tan difícil ante aquello que sus ojos no podían dejar de observar.
Las copas en la mesa unas llenas otras ya casi vacías, el plato fuerte servido, intacto enfriándose.
Habían perdido el apetito, las ganas de reír y aquel ambiente de armonía de la reunión también se había perdido. Los caballeros había dejado su actuar petulante y aires de intelectualidad dejaron por un instante de sentirse los dueños del mundo, las mujeres de finos vestidos de seda y terciopelo, que lucían costosas joyas que brillaban igual o quizás más que las estrellas del firmamento de aquella noche, perdieron su glamur, dejaron de ser por un instante las mujeres más bellas.
Todos eran ahora simples, gente común y corriente como la de afuera, insignificantes, culpables.
Poco a poco, uno por uno se fue sentando de nuevo a la mesa, sin decir nada solo intercambiando miradas. La comida esta fría y el vino ya no sabía igual, no lo notaron pero ya había pasado mucho tiempo.
Las sillas se fueron llenando hasta dejar una sola vacía, vacio que llamaba la atención de todos que fija, disimuladamente y de reojo veían por ratos. No comían estaban allí inmóviles igual a como estuvieron por mucho tiempo parados junto a la escena, junto a la ventana.
Un temblor sacudió el salón y acabó con el silencio llenando de gritos el espacio, las copas se cayeron manchando de rojo el fino mantel blanco, el candelabro antiguo que pendía sobre sus cabezas baila al ritmo del fuerte sismo. Duró menos de medio minuto, pero ellos sintieron fue una eternidad, se quebraron cosas, se cayeron cuadros y adornos, el suelo cundido de escombros, ventanas con vidrios rajados, mujeres descalzas y hombres sin saco le daban el toque de desastre a la habitación.
Pasaron así unos cuantos minutos más hasta que una dama de largo cabello marrón, con una delgada figura, piel pálida y ojos color miel dijo:
¿Qué nos pasa a todos? ¿Acaso nos hemos vuelto insensibles?... ¡Debemos hacer algo!
Dijo esta última frase haciendo énfasis y somatando contra la mesa su delicado puño adornado con un anillo de oro con un sencillo pero costoso diamante en el centro y una pulsera en la muñeca de oro también regalo de su pasado aniversario de bodas.
La gente pareció reaccionar cuando la mujer dio el golpe a la mesa, eso los despabiló más que sus palabras, empezaron a escucharse murmullos, amigos, parejas, parientes, todos empezaron a hablar. No se entendía nada, las voces chocaban unas con otras, la gente, los invitados parecían tener vida de nuevo. El silencio había desaparecido dejando ahora en el lugar un mar de palabras incoherentes.
En media hora ya habían olvidado los sucesos anteriores y el ambiente de la fiesta poco a poco volvió. Las mujeres retocaron su maquillaje, peinaron sus cabellos y se calzaron de nuevo, los hombres se pusieron nuevamente los sacos, encendieron sus cigarrillos y llenaron sus copas.
La escena que los había silenciado fue cubierta de olvido, indiferencia, desinterés y una enorme cantidad de falta de compasión, todo esto la cubrió, dejando solo a la vista un volcán de cosas que era mejor no ver e ignorar.
La silla vacía que estaba en la mesa, fue ocupada más tarde por los sacos de los caballeros que quienes por el calor del licor o por el del baile se los habían quitado, así como las corbatas.
La única que permanecía aun quieta y callada, era la dama que había roto el silencio, ella en su asiento, en la mesa, con la comida servida en el plato y su copa llena, estaba inmóvil observándolos a todos.
Casi al final de la quinta balada, sacó de su bolso un delineador de ojos color negro, tomó una de las servilletas que el joven cuyo lugar estaba a su derecha no utilizó, uso de lápiz el delineador y de hoja la servilleta y empezó a escribir.
Nadie le prestaba atención, nadie, ni siquiera su esposo, él tenía una interesante charla con los señores, socios y amigos, quienes soltaban carcajadas cada cierto tiempo y chocaban sus copas en el aire, copas que no dejaban permanecer vacías mucho tiempo.
Terminó de escribir, algunas lágrimas corrían por sus mejillas ruborizadas con polvos color rosa, tomó la servilleta con las manos temblorosas, se puso de pie, vio a uno por uno, todos seguían en lo suyo, respiró profundo, afinó su garganta, bebió un sorbo de vino tibio de su copa y comenzó a leer lo que había escrito.
Leyó hasta la última palabra, leyó con fuerza, intentaba que sus palabras vencieran a la música, a las charlas, al murmullo y a las risas. Al finalizar se dio cuenta que nadie la escuchó, nadie le prestó atención, ahí estaba ella de pie, al lado de su lugar en la mesa, aquella mesa enorme y vacía.
Quizás no la escucharon o no la quisieron escuchar, quizás no la vieron o no la quisieron ver, quién sabe, el hecho era de que aquellas palabras que brotaron de su corazón no habían llegado a ninguna parte.
Vio nuevamente a uno por uno, esta vez algunas miradas se chocaron con la suya, pero no más de centésimas de segundo.
Empuñó la mano donde sostenía la servilleta con su mensaje, respiró nuevamente, acercó una de las velas que adornaban la mesa, quemó la servilleta y tras un portazo desapareció.
Portazo que nadie oyó, ausencia que nadie extrañó hasta mucho más tarde cuando notaron que ya eran dos las sillas vacías.
“Cuan dichosos son aquellos capaces de olvidar, capaces de no prestarle atención a cosas importantes, a la gente, a sus semejantes, cuan dichosos son de seguir adelante a pesar de saber que otros sufren, cuan dichosos son que ni la naturaleza les asusta, ni logra captar su atención por mucho, aun cuando los sacude con fuerza tratando de hacerles reaccionar, cuan dichosos son de
poder ignorarlo todo y seguir con la fiesta. Desdichados nosotros que no podemos hacer tales cosas y que fracasamos al tratar de cambiarlos a ustedes, ¡pobre de nosotros! ¿Qué nos queda? Alejarnos de ustedes o unírnosles e imitarles, ¡Yo ya he decidido!”
Nada, no se oía nada, tan solo la respiración de todos al unísono que entre cortos y largos suspiros le daban cierta melodía al silencio.
Ahí estaban todos viéndose los unos a los otros, cada uno tratando de encontrar al culpable, al malhechor que había causado tan trágico momento. Todo se lanzaban acusadoras miradas como puñales. Pobres ignorantes si tan solo supieran que todos, que cada uno tiene parte de culpa en todo esto.
Parecían estar pegados al suelo, estatuas inmóviles que rodeaban la escena, escena lúgubre, triste, incomprensible. Pocos fueron, solo algunos los que intentaron decir algo, pero casi al instante apresaron sus labios con su mano izquierda y evitaron que palabra alguna saliere y aguantándose las náuseas de opinión impidieron que el vómito de la verdad brotara de sus bocas.
Salir de ahí sería como huir cobardemente pensaban, pero quedarse era tan difícil ante aquello que sus ojos no podían dejar de observar.
Las copas en la mesa unas llenas otras ya casi vacías, el plato fuerte servido, intacto enfriándose.
Habían perdido el apetito, las ganas de reír y aquel ambiente de armonía de la reunión también se había perdido. Los caballeros había dejado su actuar petulante y aires de intelectualidad dejaron por un instante de sentirse los dueños del mundo, las mujeres de finos vestidos de seda y terciopelo, que lucían costosas joyas que brillaban igual o quizás más que las estrellas del firmamento de aquella noche, perdieron su glamur, dejaron de ser por un instante las mujeres más bellas.
Todos eran ahora simples, gente común y corriente como la de afuera, insignificantes, culpables.
Poco a poco, uno por uno se fue sentando de nuevo a la mesa, sin decir nada solo intercambiando miradas. La comida esta fría y el vino ya no sabía igual, no lo notaron pero ya había pasado mucho tiempo.
Las sillas se fueron llenando hasta dejar una sola vacía, vacio que llamaba la atención de todos que fija, disimuladamente y de reojo veían por ratos. No comían estaban allí inmóviles igual a como estuvieron por mucho tiempo parados junto a la escena, junto a la ventana.
Un temblor sacudió el salón y acabó con el silencio llenando de gritos el espacio, las copas se cayeron manchando de rojo el fino mantel blanco, el candelabro antiguo que pendía sobre sus cabezas baila al ritmo del fuerte sismo. Duró menos de medio minuto, pero ellos sintieron fue una eternidad, se quebraron cosas, se cayeron cuadros y adornos, el suelo cundido de escombros, ventanas con vidrios rajados, mujeres descalzas y hombres sin saco le daban el toque de desastre a la habitación.
Pasaron así unos cuantos minutos más hasta que una dama de largo cabello marrón, con una delgada figura, piel pálida y ojos color miel dijo:
¿Qué nos pasa a todos? ¿Acaso nos hemos vuelto insensibles?... ¡Debemos hacer algo!
Dijo esta última frase haciendo énfasis y somatando contra la mesa su delicado puño adornado con un anillo de oro con un sencillo pero costoso diamante en el centro y una pulsera en la muñeca de oro también regalo de su pasado aniversario de bodas.
La gente pareció reaccionar cuando la mujer dio el golpe a la mesa, eso los despabiló más que sus palabras, empezaron a escucharse murmullos, amigos, parejas, parientes, todos empezaron a hablar. No se entendía nada, las voces chocaban unas con otras, la gente, los invitados parecían tener vida de nuevo. El silencio había desaparecido dejando ahora en el lugar un mar de palabras incoherentes.
En media hora ya habían olvidado los sucesos anteriores y el ambiente de la fiesta poco a poco volvió. Las mujeres retocaron su maquillaje, peinaron sus cabellos y se calzaron de nuevo, los hombres se pusieron nuevamente los sacos, encendieron sus cigarrillos y llenaron sus copas.
La escena que los había silenciado fue cubierta de olvido, indiferencia, desinterés y una enorme cantidad de falta de compasión, todo esto la cubrió, dejando solo a la vista un volcán de cosas que era mejor no ver e ignorar.
La silla vacía que estaba en la mesa, fue ocupada más tarde por los sacos de los caballeros que quienes por el calor del licor o por el del baile se los habían quitado, así como las corbatas.
La única que permanecía aun quieta y callada, era la dama que había roto el silencio, ella en su asiento, en la mesa, con la comida servida en el plato y su copa llena, estaba inmóvil observándolos a todos.
Casi al final de la quinta balada, sacó de su bolso un delineador de ojos color negro, tomó una de las servilletas que el joven cuyo lugar estaba a su derecha no utilizó, uso de lápiz el delineador y de hoja la servilleta y empezó a escribir.
Nadie le prestaba atención, nadie, ni siquiera su esposo, él tenía una interesante charla con los señores, socios y amigos, quienes soltaban carcajadas cada cierto tiempo y chocaban sus copas en el aire, copas que no dejaban permanecer vacías mucho tiempo.
Terminó de escribir, algunas lágrimas corrían por sus mejillas ruborizadas con polvos color rosa, tomó la servilleta con las manos temblorosas, se puso de pie, vio a uno por uno, todos seguían en lo suyo, respiró profundo, afinó su garganta, bebió un sorbo de vino tibio de su copa y comenzó a leer lo que había escrito.
Leyó hasta la última palabra, leyó con fuerza, intentaba que sus palabras vencieran a la música, a las charlas, al murmullo y a las risas. Al finalizar se dio cuenta que nadie la escuchó, nadie le prestó atención, ahí estaba ella de pie, al lado de su lugar en la mesa, aquella mesa enorme y vacía.
Quizás no la escucharon o no la quisieron escuchar, quizás no la vieron o no la quisieron ver, quién sabe, el hecho era de que aquellas palabras que brotaron de su corazón no habían llegado a ninguna parte.
Vio nuevamente a uno por uno, esta vez algunas miradas se chocaron con la suya, pero no más de centésimas de segundo.
Empuñó la mano donde sostenía la servilleta con su mensaje, respiró nuevamente, acercó una de las velas que adornaban la mesa, quemó la servilleta y tras un portazo desapareció.
Portazo que nadie oyó, ausencia que nadie extrañó hasta mucho más tarde cuando notaron que ya eran dos las sillas vacías.
“Cuan dichosos son aquellos capaces de olvidar, capaces de no prestarle atención a cosas importantes, a la gente, a sus semejantes, cuan dichosos son de seguir adelante a pesar de saber que otros sufren, cuan dichosos son que ni la naturaleza les asusta, ni logra captar su atención por mucho, aun cuando los sacude con fuerza tratando de hacerles reaccionar, cuan dichosos son de
poder ignorarlo todo y seguir con la fiesta. Desdichados nosotros que no podemos hacer tales cosas y que fracasamos al tratar de cambiarlos a ustedes, ¡pobre de nosotros! ¿Qué nos queda? Alejarnos de ustedes o unírnosles e imitarles, ¡Yo ya he decidido!”
El Café Sabía Extraño Esta Mañana
El día estaba un tanto frío y nublado a causa de la lluvia de la noche anterior, el aroma a tierra mojada perfumaba el ambiente.
El café sabía extraño esta mañana…
Tenía la vista perdida en el jardín no veía nada en especial simplemente miraba sin pensar.
Quería centrar mis pensamientos en algo, quería aclarar mi mente.
Pero me perdía entre ¿Por qués? ¿Cuándos? Y ¿Para qués?
El café sabía extraño esta mañana…
De reojo vi la puerta entreabierta de mi habitación, está vacía.
Giré mi vista hacia el lado contrario, no pude soportar ver ese escenario, pero me topé con algo aun peor, la soledad.
El café sabía extraño esta mañana…
Seguía allí, sentada, centré de nuevo mi vista hacia el jardín, lo vi diferente.
Aun estaba húmedo y las flores aun tenían rocío en sus pétalos, pero algo ya no era igual.
No sabía si era el jardín el que había cambiado o era yo.
No quería moverme, pero quería salir corriendo de allí.
El café sabía extraño esta mañana…
Empecé a imaginar diversas cosas, cosas agradables, mis carencias, lo que necesitaba, lo que pedía a gritos.
Alguien que me abrazara, alguien que me necesitara, alguien con quien pudiera hablar, alguien que se acordara de mí y me llamara o visitara.
Esperé más de cinco minutos y nada de esto pasó.
El café sabía extraño esta mañana…
Suspiré, esa acción pareció agudizar mis sentidos, en especial el oído, capté los sonidos de voces y risas que provenían de la calle y de hogares vecinos. Quise contagiarme de esa alegría, pero fracasé. Me quedé inmóvil solo mis ojos se movían de un lado a otro como buscando algo. Empecé a observar otra vez mí alrededor más detalladamente.
Alcance a ver la cocina, limpia, vacía, intacta. Vi también la sala ordenada, vacía, empolvada.
El café sabía extraño esta mañana…
Me hacía falta el sonido cálido de la compañía, nunca me había puesto a pensar en eso, tenía ya mucho tiempo de vivir allí y jamás me sentí así, sentía que algo me faltaba, algo no material, de eso lo tenía todo.
Quise llorar pero de mis ojos no brotaban lágrimas, la melancolía me invadió, vi con más fijación aquellas flores del jardín, me imaginé ser una de ellas, rodeada de otras que me hacían compañía, sentía las caricias de sus hojas que con el viento me rozaban, me sentí bien
El café sabía extraño esta mañana…
El canto de un pájaro me sacó del trance, volteé hacia la izquierda, sonreí por lo que vi, una casita de madera maltratada por el tiempo, nunca tuve el valor de deshacerme de ella, hogar de aquella compañía que añoraba. Pude verle corriendo hacia mí, hice uso de nuevo de la imaginación, jugábamos, le acaricié.
El café sabía extraño esta mañana…
Volví en mi de nuevo, otra vez a la realidad, respiré profundo, volví la mirada a mi habitación, verla vacía me llenó los ojos de lágrimas, me perdí en la profundidad del vacío y también le vi, allí estaba, dormido, su olor despertaba
en mi el deseo de besarle, de sentir su calor otra vez, las lágrimas por fin salieron de mis ojos, dejé de imaginar, se fue de nuevo.
El café sabía extraño esta mañana…
Allí estaba yo de nuevo, sentada con la mirada perdida, sentía como las lágrimas seguían brotando sin mayor esfuerzo, me sentía diferente mucho más que al principio.
Recordé cosas, recordé a mis amigos, hacia mucho que no sabía de ellos, me alejé, se alejaron, no lo recuerdo, solo sé que ya no están.
El café sabía extraño esta mañana…
La fotografía empolvada de mi familia, adornaba la desierta sala de mi casa, mis padres, mis hermanos y yo, felices, juntos, deseé volver en el tiempo, a mi niñez y que mi madre secara las lágrimas que corrían por mi rostro, que mi padre al abrazarme me transmitiera seguridad y con mis hermanos jugar y reír.
El café sabía extraño esta mañana…
No entendía por qué perdí todo eso, no era lógico, muchos tenían eso aun después de muchos años, ¿cómo fue que yo lo perdí?
Mi corazón empezó a latir rápidamente, mi respiración se entrecortaba, sentí frío.
Mi mente se empezó a aclarar, comprendí.
No hay felicidad si no hay con quién compartir, lo di todo por perdido y no vi lo que había ganado, aquellas personas se alejaron de mi por mis acciones y no hice nada, dejé que marcharan.
El café sabía extraño esta mañana…
Me encerré en mi misma y la soledad reino en mí, no era la casa la vacía, era yo.
Me ahogué en recuerdos pasados y no construí nuevos, esperé a que todo viniera a mí sin hacer nada y lo único que vino fue el vacío y la soledad.
El café sabía extraño esta mañana…
Las lágrimas se secaron, la vista se nublaba, sentí como la fe, la esperanza, el amor, volvían a mí, sentimientos que habían perdido, la amargura, la tristeza, el desamor, el odio, la melancolía, la soledad, se fueron menguando, rindiéndose ante lo nuevo que estaba llegando.
El café sabía extraño esta mañana…
Que tonta fui, me dejé vencer. Cambiaría eso ahora mismo, me paré de aquella silla en la que ya llevaba horas, tiré lejos aquella taza de café, corrí...
Fui al baño, escupí el café.
Fui a mi habitación, rompí la carta.
El café sabía extraño…porque esta mañana no le eché azúcar.
Seguiré viviendo, seré feliz.
El café sabía extraño esta mañana…
Tenía la vista perdida en el jardín no veía nada en especial simplemente miraba sin pensar.
Quería centrar mis pensamientos en algo, quería aclarar mi mente.
Pero me perdía entre ¿Por qués? ¿Cuándos? Y ¿Para qués?
El café sabía extraño esta mañana…
De reojo vi la puerta entreabierta de mi habitación, está vacía.
Giré mi vista hacia el lado contrario, no pude soportar ver ese escenario, pero me topé con algo aun peor, la soledad.
El café sabía extraño esta mañana…
Seguía allí, sentada, centré de nuevo mi vista hacia el jardín, lo vi diferente.
Aun estaba húmedo y las flores aun tenían rocío en sus pétalos, pero algo ya no era igual.
No sabía si era el jardín el que había cambiado o era yo.
No quería moverme, pero quería salir corriendo de allí.
El café sabía extraño esta mañana…
Empecé a imaginar diversas cosas, cosas agradables, mis carencias, lo que necesitaba, lo que pedía a gritos.
Alguien que me abrazara, alguien que me necesitara, alguien con quien pudiera hablar, alguien que se acordara de mí y me llamara o visitara.
Esperé más de cinco minutos y nada de esto pasó.
El café sabía extraño esta mañana…
Suspiré, esa acción pareció agudizar mis sentidos, en especial el oído, capté los sonidos de voces y risas que provenían de la calle y de hogares vecinos. Quise contagiarme de esa alegría, pero fracasé. Me quedé inmóvil solo mis ojos se movían de un lado a otro como buscando algo. Empecé a observar otra vez mí alrededor más detalladamente.
Alcance a ver la cocina, limpia, vacía, intacta. Vi también la sala ordenada, vacía, empolvada.
El café sabía extraño esta mañana…
Me hacía falta el sonido cálido de la compañía, nunca me había puesto a pensar en eso, tenía ya mucho tiempo de vivir allí y jamás me sentí así, sentía que algo me faltaba, algo no material, de eso lo tenía todo.
Quise llorar pero de mis ojos no brotaban lágrimas, la melancolía me invadió, vi con más fijación aquellas flores del jardín, me imaginé ser una de ellas, rodeada de otras que me hacían compañía, sentía las caricias de sus hojas que con el viento me rozaban, me sentí bien
El café sabía extraño esta mañana…
El canto de un pájaro me sacó del trance, volteé hacia la izquierda, sonreí por lo que vi, una casita de madera maltratada por el tiempo, nunca tuve el valor de deshacerme de ella, hogar de aquella compañía que añoraba. Pude verle corriendo hacia mí, hice uso de nuevo de la imaginación, jugábamos, le acaricié.
El café sabía extraño esta mañana…
Volví en mi de nuevo, otra vez a la realidad, respiré profundo, volví la mirada a mi habitación, verla vacía me llenó los ojos de lágrimas, me perdí en la profundidad del vacío y también le vi, allí estaba, dormido, su olor despertaba
en mi el deseo de besarle, de sentir su calor otra vez, las lágrimas por fin salieron de mis ojos, dejé de imaginar, se fue de nuevo.
El café sabía extraño esta mañana…
Allí estaba yo de nuevo, sentada con la mirada perdida, sentía como las lágrimas seguían brotando sin mayor esfuerzo, me sentía diferente mucho más que al principio.
Recordé cosas, recordé a mis amigos, hacia mucho que no sabía de ellos, me alejé, se alejaron, no lo recuerdo, solo sé que ya no están.
El café sabía extraño esta mañana…
La fotografía empolvada de mi familia, adornaba la desierta sala de mi casa, mis padres, mis hermanos y yo, felices, juntos, deseé volver en el tiempo, a mi niñez y que mi madre secara las lágrimas que corrían por mi rostro, que mi padre al abrazarme me transmitiera seguridad y con mis hermanos jugar y reír.
El café sabía extraño esta mañana…
No entendía por qué perdí todo eso, no era lógico, muchos tenían eso aun después de muchos años, ¿cómo fue que yo lo perdí?
Mi corazón empezó a latir rápidamente, mi respiración se entrecortaba, sentí frío.
Mi mente se empezó a aclarar, comprendí.
No hay felicidad si no hay con quién compartir, lo di todo por perdido y no vi lo que había ganado, aquellas personas se alejaron de mi por mis acciones y no hice nada, dejé que marcharan.
El café sabía extraño esta mañana…
Me encerré en mi misma y la soledad reino en mí, no era la casa la vacía, era yo.
Me ahogué en recuerdos pasados y no construí nuevos, esperé a que todo viniera a mí sin hacer nada y lo único que vino fue el vacío y la soledad.
El café sabía extraño esta mañana…
Las lágrimas se secaron, la vista se nublaba, sentí como la fe, la esperanza, el amor, volvían a mí, sentimientos que habían perdido, la amargura, la tristeza, el desamor, el odio, la melancolía, la soledad, se fueron menguando, rindiéndose ante lo nuevo que estaba llegando.
El café sabía extraño esta mañana…
Que tonta fui, me dejé vencer. Cambiaría eso ahora mismo, me paré de aquella silla en la que ya llevaba horas, tiré lejos aquella taza de café, corrí...
Fui al baño, escupí el café.
Fui a mi habitación, rompí la carta.
El café sabía extraño…porque esta mañana no le eché azúcar.
Seguiré viviendo, seré feliz.
lunes, 1 de octubre de 2012
LA VICTORIA
No necesité de una daga...
Ni de una hechicera que un mal le haga...
Solo del veneno del tintero...
y de la pluma el golpe certero...
Escribí mis pesares cual puñales...
y mi opinión como el peor de los males...
ante mi letra asesina sucumbió...
de ningún arma necesité yo...
Por bandera una hoja de papel...
y por ejército las palabras escritas en él...
Expresarme fue su castigo...
¡Haber callado tanto maldigo!
Ni de una hechicera que un mal le haga...
Solo del veneno del tintero...
y de la pluma el golpe certero...
Escribí mis pesares cual puñales...
y mi opinión como el peor de los males...
ante mi letra asesina sucumbió...
de ningún arma necesité yo...
Por bandera una hoja de papel...
y por ejército las palabras escritas en él...
Expresarme fue su castigo...
¡Haber callado tanto maldigo!
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Voces en la Lluvia
Cuando como olas del mar azotan los vientos feroces...
Me aturden al oido misteriosas voces...
En medio de aquella lluvia, despiadada tormenta...
Un grito, susurros y el llanto mi paz atormenta...
Sola, de compañera la lectura...
Creí que seguir leyendo sería la cura...
Sumergí la vista entonces, continué...
Pero aun los murmullos escuchaba, me aterré...
Las gotas cual pedradas golpean el tejado...
La oscuidad se apoderó de aquel cielo azulado...
Me cubrí ambos oidos, de aquello quería escapar...
Mas sin embargo las voces no dejaba de escuchar...
Lo que decían no entendía...
Descifrar que escuchaba no podía...
Pensé que era la lluvia o quizás el viento...
O almas en pena sumidas en el lamento...
Su origen aun me es desconocido...
Ignoro para qué me han elegido...
y cuando el cielo para la tormenta se prepara...
Atenta estoy para lo que esta me depara...
Me aturden al oido misteriosas voces...
En medio de aquella lluvia, despiadada tormenta...
Un grito, susurros y el llanto mi paz atormenta...
Sola, de compañera la lectura...
Creí que seguir leyendo sería la cura...
Sumergí la vista entonces, continué...
Pero aun los murmullos escuchaba, me aterré...
Las gotas cual pedradas golpean el tejado...
La oscuidad se apoderó de aquel cielo azulado...
Me cubrí ambos oidos, de aquello quería escapar...
Mas sin embargo las voces no dejaba de escuchar...
Lo que decían no entendía...
Descifrar que escuchaba no podía...
Pensé que era la lluvia o quizás el viento...
O almas en pena sumidas en el lamento...
Su origen aun me es desconocido...
Ignoro para qué me han elegido...
y cuando el cielo para la tormenta se prepara...
Atenta estoy para lo que esta me depara...
OLVIDARTE
Las tardes grises me recuerdan aquella primavera,
Mi llanto las risas de aquel mágico verano,
Me dicen que todo sigue siendo lo que era,
Pero nada es igual sin el toque de tu mano...
Ayer mismo me topé con tu recuerdo,
Pensé en tí hasta la madrugada,
La almohada por las noches muerdo,
Con mis manos trato de alisar tu foto arrugada...
En el cielo oscuro veo los pasado días soleados,
Cuando de mi mano feliz paseabas,
Ahora es distinto, mis días como el desierto desolados,
y un espacio hay donde estabas...
Te olvidaré con el tiempo, lo sé,
Otras cosas llenarán tu vacío,
Despertaré y ya no te recordaré.
Quizás sea el día en que las rosas amanezcan sin rocío...
Seré feliz sin tí en mi memoria,
y encontraré de nuevo la alegría,
Ese será el fin de la historia,
Aunque dudo que llegue el día...
Mi llanto las risas de aquel mágico verano,
Me dicen que todo sigue siendo lo que era,
Pero nada es igual sin el toque de tu mano...
Ayer mismo me topé con tu recuerdo,
Pensé en tí hasta la madrugada,
La almohada por las noches muerdo,
Con mis manos trato de alisar tu foto arrugada...
En el cielo oscuro veo los pasado días soleados,
Cuando de mi mano feliz paseabas,
Ahora es distinto, mis días como el desierto desolados,
y un espacio hay donde estabas...
Te olvidaré con el tiempo, lo sé,
Otras cosas llenarán tu vacío,
Despertaré y ya no te recordaré.
Quizás sea el día en que las rosas amanezcan sin rocío...
Seré feliz sin tí en mi memoria,
y encontraré de nuevo la alegría,
Ese será el fin de la historia,
Aunque dudo que llegue el día...
viernes, 21 de septiembre de 2012
Té de Semillas de Manzana
Envenenó mi sed...
Yo a su merced...
su mirada fundió con la mía...
En mis adentros su venganza recorría...
No se movía...
Ni una sola palabra decía...
Mi vista se empañaba...
Ella tan solo me miraba...
La taza humeante...
Su contenido fulminante...
Con un té me recibió...
Mas ella no se sirvió...
Se acercó a mí despacio...
Sentí su aroma a fresco topacio...
Puso sobre la mesa lo que en su mano había...
Yo nada de esto comprendía...
Un pañuelo con encaje en la orilla...
Envueltas en él de manzana mil y una semilla...
Algo desde adentro mi vida tomaba...
Su sonrisa demoniaca se asomaba...
Del manzano hurtó la fruta prohibida...
Con eso mi vida tomaría...
Una bebida fatal preparó...
y sin piedad a beber me la dio...
Pronto mi último suspiro estaba...
Vi entonces algo que su bolsillo sacaba...
Descubrió lo que yo había ocultado...
Por el engaño a muerte condenado...
Me vio exhalar la vida...
Por ello no se vio conmovida...
Se marchó a su suerte...
Dejándome en compañía de la muerte...
Yo a su merced...
su mirada fundió con la mía...
En mis adentros su venganza recorría...
No se movía...
Ni una sola palabra decía...
Mi vista se empañaba...
Ella tan solo me miraba...
La taza humeante...
Su contenido fulminante...
Con un té me recibió...
Mas ella no se sirvió...
Se acercó a mí despacio...
Sentí su aroma a fresco topacio...
Puso sobre la mesa lo que en su mano había...
Yo nada de esto comprendía...
Un pañuelo con encaje en la orilla...
Envueltas en él de manzana mil y una semilla...
Algo desde adentro mi vida tomaba...
Su sonrisa demoniaca se asomaba...
Del manzano hurtó la fruta prohibida...
Con eso mi vida tomaría...
Una bebida fatal preparó...
y sin piedad a beber me la dio...
Pronto mi último suspiro estaba...
Vi entonces algo que su bolsillo sacaba...
Descubrió lo que yo había ocultado...
Por el engaño a muerte condenado...
Me vio exhalar la vida...
Por ello no se vio conmovida...
Se marchó a su suerte...
Dejándome en compañía de la muerte...
Schwarz Lintu: La Gárgola Alada y La Gárgola de Cuernos de Oro
Schwarz Lintu: La Gárgola Alada y La Gárgola de Cuernos de Oro: La Gárgola alada y la Gárgola de cuernos de oro en lo alto de la torre tenían su morada. Siglos hacía que allí estaban y todo desde ahí obs...
La Gárgola Alada y La Gárgola de Cuernos de Oro
La Gárgola alada y la Gárgola de cuernos de oro en lo alto de la torre tenían su morada.
Siglos hacía que allí estaban y todo desde ahí observaban. Roca eran por dentro y por fuera, su circo el mundo era, sus frías y ardientes miradas todos sentían, ellas sabía lo que todos hacían, sus ojos de zafiro brillante, cual estrellas titilantes decoraban aquellos rostros arrogantes.
La Gárgola alada un día preguntó - ¿ Por qué esa dama al vacío saltó?-
Si apenas ayer le vi sonriendo y hoy en su vuelo va muriendo.
La Gárgola de cuernos de oro respondió - Sin duda la muerte por desamor como muchos eligió, hoy le he visto llorando y en el vacío su fin le vi contemplando.
No será la última ni tampoco es la primera, almas como la suya hacen ya una infinita hilera, a veces el amor termina de esa manera.
La Gárgola con alas de dragón entonces reconoció entre la gente al infame, ¡es él! -gritó- Que una maldición su muerte sobre él derrame.
y Ella -dijo su fiel compañera- es la mujer por la que él le rompió el corazón, ambos demonios en piedra encerrados veían a los amantes consternados.
Su secreto yacía en fondo del abismo, la sangre que el rio pintaba en sus rostros pérfidos se reflejaba.
Con lágrimas en los ojos la gente su ataúd veía, la miraban desfilar por las calles donde enamorada la vieron caminar. Su amado de negro vestía y se culpaba sollozando, ¡perdón! le pedía mientras la tierra la tumba cubría.
La Gárgola de cuernos de oro vio que al tren alguien subía con una maleta en la mano y la vergüenza su rostro teñía, indignada quizo actuar y una maleficio empezó a rezar. ¡Déjala! -gritó la Gárgola alada- a esa mujer no le hagas tú nada, pues ya lleva su castigo a cuestas y su futuro no será mejor que el de la jóven con ambas manos en el pecho puestas.
Ambas siguieron contemplando el final de la escena, se fueron todos, mas él permaneció allí llorando su pena.
La Gárgola alada dijo con el ceño fruncido -¡ Ahora está con ella cuando ya se ha ido!-
¡Es una pena! -dijo la Gárgola de cuernos de oro alzando la voz- ¡Por un trago de veneno ha derramado un frasco de miel! ¿mas qué será de él? -preguntó-
La Gárgola alada viéndolo llorar contestó - Él ya su precio pagó y el recuerdo de su amada en una tumba por su traición encerrada será la sombra que oscurecerá su vida hasta que él sea nada.
Al caer la noche y al la luna iluminar sus figuras apostaban la suerte de otros como en un juego de azar y reían.
Siglos hacía que allí estaban y todo desde ahí observaban. Roca eran por dentro y por fuera, su circo el mundo era, sus frías y ardientes miradas todos sentían, ellas sabía lo que todos hacían, sus ojos de zafiro brillante, cual estrellas titilantes decoraban aquellos rostros arrogantes.
La Gárgola alada un día preguntó - ¿ Por qué esa dama al vacío saltó?-
Si apenas ayer le vi sonriendo y hoy en su vuelo va muriendo.
La Gárgola de cuernos de oro respondió - Sin duda la muerte por desamor como muchos eligió, hoy le he visto llorando y en el vacío su fin le vi contemplando.
No será la última ni tampoco es la primera, almas como la suya hacen ya una infinita hilera, a veces el amor termina de esa manera.
La Gárgola con alas de dragón entonces reconoció entre la gente al infame, ¡es él! -gritó- Que una maldición su muerte sobre él derrame.
y Ella -dijo su fiel compañera- es la mujer por la que él le rompió el corazón, ambos demonios en piedra encerrados veían a los amantes consternados.
Su secreto yacía en fondo del abismo, la sangre que el rio pintaba en sus rostros pérfidos se reflejaba.
Con lágrimas en los ojos la gente su ataúd veía, la miraban desfilar por las calles donde enamorada la vieron caminar. Su amado de negro vestía y se culpaba sollozando, ¡perdón! le pedía mientras la tierra la tumba cubría.
La Gárgola de cuernos de oro vio que al tren alguien subía con una maleta en la mano y la vergüenza su rostro teñía, indignada quizo actuar y una maleficio empezó a rezar. ¡Déjala! -gritó la Gárgola alada- a esa mujer no le hagas tú nada, pues ya lleva su castigo a cuestas y su futuro no será mejor que el de la jóven con ambas manos en el pecho puestas.
Ambas siguieron contemplando el final de la escena, se fueron todos, mas él permaneció allí llorando su pena.
La Gárgola alada dijo con el ceño fruncido -¡ Ahora está con ella cuando ya se ha ido!-
¡Es una pena! -dijo la Gárgola de cuernos de oro alzando la voz- ¡Por un trago de veneno ha derramado un frasco de miel! ¿mas qué será de él? -preguntó-
La Gárgola alada viéndolo llorar contestó - Él ya su precio pagó y el recuerdo de su amada en una tumba por su traición encerrada será la sombra que oscurecerá su vida hasta que él sea nada.
Al caer la noche y al la luna iluminar sus figuras apostaban la suerte de otros como en un juego de azar y reían.
martes, 18 de septiembre de 2012
ADIOS Y ORTOGRAFIA
La última carta lo decía...
Adiós por siempre a tu compañía...
Las letras entrelazadas me recordaron su abrazo...
y las tildes acentuaron aquellas noches en su regazo...
El punto al final frenó mis esperanzas...
Las mayúsculas fueron crueles como lanzas...
Que el amor se le ha acabado subrayó...
Abajo firmó solo con su nombre, el siempre tuyo faltó...
Su ortografía perfecta no dejó duda alguna...
Mañana ya no seremos dos, seré yo sola, una...
Rompí la carta al final...
Arrojé los pedazos al viento como confeti en canaval...
Veo caer al suelo de mi amor los pedazos ...
En mis adentros miles de aguijonazos...
Me sobrepondré... lo sé...
Por mi parte a mi vida un punto y seguido escribiré...
Adiós por siempre a tu compañía...
Las letras entrelazadas me recordaron su abrazo...
y las tildes acentuaron aquellas noches en su regazo...
El punto al final frenó mis esperanzas...
Las mayúsculas fueron crueles como lanzas...
Que el amor se le ha acabado subrayó...
Abajo firmó solo con su nombre, el siempre tuyo faltó...
Su ortografía perfecta no dejó duda alguna...
Mañana ya no seremos dos, seré yo sola, una...
Rompí la carta al final...
Arrojé los pedazos al viento como confeti en canaval...
Veo caer al suelo de mi amor los pedazos ...
En mis adentros miles de aguijonazos...
Me sobrepondré... lo sé...
Por mi parte a mi vida un punto y seguido escribiré...
Su Regreso
¡Ha vuelto!
Regresó, el dicho popular es cierto...
Fue tan solo una pausa...
Todo siguirá como antes...
¡Ha vuelto!
Su presencia ha ahuyentado a la soledad...
Su cariño resucitó mi alma...
y aquella herida se ha sanado...
¡Ha vuelto! grito a voz en cuello...
¡Ha vuelto! ¡Ha vuelto! y se quedará...
Amor sincero sin condición...
Ha vuelto y el tiempo esta a nuestro favor...
Regresó, el dicho popular es cierto...
Fue tan solo una pausa...
Todo siguirá como antes...
¡Ha vuelto!
Su presencia ha ahuyentado a la soledad...
Su cariño resucitó mi alma...
y aquella herida se ha sanado...
¡Ha vuelto! grito a voz en cuello...
¡Ha vuelto! ¡Ha vuelto! y se quedará...
Amor sincero sin condición...
Ha vuelto y el tiempo esta a nuestro favor...
lunes, 17 de septiembre de 2012
Cuando le vi marcharse
Cuando le vi marcharse, supe que llevaba algo mío…
Creo que se lo llevó sin darse cuenta… ¿o lo sabría? (espero que lo haya sabido)
Sentí un fuerte dolor cuando se lo robó, me lo quitó de golpe…
Lo quiero recuperar, pero me es imposible...
Sé que me lo devolverá cuando le vuelva a ver…
Lo conservará hasta entonces…
Su despedida fue sencilla una mirada, un suspiro, un hasta pronto…
Con una caricia le dije adiós… un breve adiós que no durará para siempre…
Desde ese día le extraño, le necesito…
Sé que ha venido a visitarme, ahí escondido me ve de lejos… (Me hace sentir acompañada)
Nuestras almas no pueden separarse por completo…
Y a pesar de estar lejos de alguna forma seguimos juntos…
Aparece en mis sueños de vez en cuando… y por un momento creo que ha vuelto…
Veo que trae eso que se llevó, y me lo devuelve…
Pero despierto…fue solo un sueño más… respiro profundo, al menos en mi sueño le pude abrazar… (Y aun siento la sensación de tenerle en mis brazos)
¡Ay Amor!
¿Cuándo he de recuperar eso que me robaste?
¿Cuándo tendré de nuevo la alegría que me quitaste cuando te marchaste?
Te llevaste mi corazón y solo tu vacío me dejaste…
Creo que se lo llevó sin darse cuenta… ¿o lo sabría? (espero que lo haya sabido)
Sentí un fuerte dolor cuando se lo robó, me lo quitó de golpe…
Lo quiero recuperar, pero me es imposible...
Sé que me lo devolverá cuando le vuelva a ver…
Lo conservará hasta entonces…
Su despedida fue sencilla una mirada, un suspiro, un hasta pronto…
Con una caricia le dije adiós… un breve adiós que no durará para siempre…
Desde ese día le extraño, le necesito…
Sé que ha venido a visitarme, ahí escondido me ve de lejos… (Me hace sentir acompañada)
Nuestras almas no pueden separarse por completo…
Y a pesar de estar lejos de alguna forma seguimos juntos…
Aparece en mis sueños de vez en cuando… y por un momento creo que ha vuelto…
Veo que trae eso que se llevó, y me lo devuelve…
Pero despierto…fue solo un sueño más… respiro profundo, al menos en mi sueño le pude abrazar… (Y aun siento la sensación de tenerle en mis brazos)
¡Ay Amor!
¿Cuándo he de recuperar eso que me robaste?
¿Cuándo tendré de nuevo la alegría que me quitaste cuando te marchaste?
Te llevaste mi corazón y solo tu vacío me dejaste…
NOSTALGIA
Con lágrimas en el rostro, los ojos rojos
Abrazo contra mi pecho los invisibles recuerdos…
¡Memorias, momentos!
Cuando el cielo se tiñe de negro color
Empieza la agonía de mi dolor…
¡Ausencia, soledad!
Amanece, cielo azul, radiante sol
Con esperanza inicio el día…
¡Tristeza, melancolía!
No me repongo del adiós de su partida
Espacio vacío que no he podido llenar…
¡Despedida, pesar!
La blanca esperanza me inunda
En una eternidad compartida me pongo a pensar…
¡Paciencia, esperar!
No se ha roto el lazo que el amor formó
Comenzar de nuevo, iniciar con el final…
¡Llenaré el vacio!
¡Te veré de nuevo!
¡Compañía, felicidad!
¡Muerte, Unión!
viernes, 14 de septiembre de 2012
La Nueva Profecía Maya
En la cima de la pirámide más alta, sentados, Hunahpu el Sol e Ixbalanque la Luna veían en el horizonte hasta el rincón más remoto del mundo.
Los dioses gemelos habían bajado del cielo en la fecha indicada en la piedra para darle fin a una era y dar comienzo a un nuevo ciclo.
Hunahpu diseñaba una nueva tierra e Ixbalanque trataba de elegir un nuevo material con el que fabricaría al nuevo hombre, ambos estaban seguros de que a fin de cuentas el hombre de maíz no cumplió las expectativas.
Hun-hunahpu su padre les pidió que tomaran lo bueno y desecharan lo malo, y los hermanos observaban todo con cuidado sin perder detalle, mientras lo hacía recordaban que como aquella población que estaba siendo objeto de su estudio caminaban por la tierra, tierra que ya no existía.
Ixbalanque de pronto estalló en rabia y la gente oyó un estruendo que los paralizó, esto sucedió cuando se dio cuenta de la ausencia del legado que había dejado para sus descendientes, Hunahpu señalaba con el dedo lo que ya no estaba.
Lo que fueron en aquel tiempo hoy se resumía a pobres campesinos, cuya ignorancia los estancó y lo marginó y tristemente no fue por elección sino por represión.
Los dioses se desviaron de la tarea que su padre les ordenó y se indignaban más y más con forme recordaban y pensaban, Hunahpu recordó cuando ellos allí desde el cielo vieron llegar los barcos cargados de opresores que venían desde mas allá de las olas y se anclaron en sus tierras, dándole fin a siglos de trabajo, estudio y perfeccionamiento.
Ahora un nuevo libro seria escrito, un nuevo comienzo estaba cerca y ellos no sabían qué elegir y qué desechar, debían darle fin a lo que su vista abarcaba, los astros y las constelaciones se alineaban anunciando el poco tiempo que les quedaba y ellos aun no llegaban a la conclusión.
Ixbalanque proponía una destrucción como castigo a lo poco que se valoro su herencia, Hunahpu pensaban en otra opción.
La desesperación llegó a Hunahpu y molesto como estaba y con el poco tiempo que restaba lo decidió, dejarían la tierra tal y como estaba, ya no había tiempo para nada, decir qué se iba y qué se quedaba tomaría mucho tiempo y ellos lo habían gastado todo en lamentos y enojos, así que pensaron, para que todo fuese mejor debía permanecer aquello que estaba mal. Ixbalanque dudoso estuvo de acuerdo. Hunahpu explico a su hermano que no había que molestarse en destruir algo que por si solo se estaba consumiendo.
Ixbalanque entonces supo de qué material haría al nuevo hombre y ambos dictaron al viento la nueva profecía, crearían al nuevo hombre de cenizas, usarían las cenizas de cada hombre de maíz cuyo final llegase, las envolverían en hojas de plátano hasta que el nuevo último día llegara, luego las introducirían en un coco cuya corteza fuerte no dejaría penetrar ninguna idea o pensamiento malo y serian las cenizas su memoria para que en el futuro recordase lo que fue y lo que jamás volvería a ser, luego en el suelo con los troncos más fuertes que hallasen en el bosque le darían forma humana.
Hun- Hunahpu su padre estuvo de acuerdo con la resolución, la hora había llegado, el humo del incienso y los cantos en aquellas lenguas que reconocían provenientes de los restos de su pueblo llegaron hasta la cima del Gran Jaguar en donde los hermanos observaban el cambio de la era que atrás en el tiempo habían marcado en roca, ambos esperaban que con este final y principio su gente tuviese mas voluntad y fortaleza en el próximo tiempo.
Subieron pues de nuevo al cielo Hunahpu reinando el día e Ixbalanque dominado la noche, los dos serian testigos desde lo alto y se volverían a ver las caras hasta el próximo eclipse y serian entonces cuando sabrían si su decisión fue la correcta.
Schwarz Lintu
CARTA SUICIDA
Padre ¿estás allá en los Cielos?...
El mundo ya no es como lo recuerdas…
Pocos santifican ya Tu nombre…
En los corazones ya no hay amor, solo tristeza y rencor…
La calle es una cueva oscura llena de alimañas…
Se han reproducido en masa seres sin alma…
El nuevo rey color dinero reina por todos lados…
La espera de que venga a nos Tu reino se torna eterna…
La paciencia se agota como se agota la fe…
Ya no se hace Tu voluntad sino la de ellos…
Tú reinas en el Cielo pero has abdicado en la Tierra…
Los cánticos eclesiásticos hoy tienen ritmos mundanos…
Las plegarias tienen precio y la vida ha perdido su valor…
El pan de cada día es para miles un anhelo inalcanzable…
Como moscas caen miles por el hambre y la holgazanería…
Inmóviles esperan que envíes el maná de aquellos días…
Ya nadie perdona las ofensas, se vengan y se desquitan…
Es para todos ridículo el pensar en poner la otra mejilla…
Tu perdón ya casi nadie lo espera…
Hacen lo que les place, el Cielo y el Averno les da igual…
Y con La Tentación, eres un tonto aquí si no caes en ella…
Las consecuencias son el recordatorio de lo bien que se la pasaron…
Muere gente buena y se le perdona la vida a violadores y asesinos, ¿por qué?
Si Tuyo es el reino por los siglos de los siglos ¿por qué no pones orden y reinas como es debido?
Si nada es como parece hoy mismo estaré a tu diestra entregándote esto en la mano.
AMEN
Schwarz Lintu
El mundo ya no es como lo recuerdas…
Pocos santifican ya Tu nombre…
En los corazones ya no hay amor, solo tristeza y rencor…
La calle es una cueva oscura llena de alimañas…
Se han reproducido en masa seres sin alma…
El nuevo rey color dinero reina por todos lados…
La espera de que venga a nos Tu reino se torna eterna…
La paciencia se agota como se agota la fe…
Ya no se hace Tu voluntad sino la de ellos…
Tú reinas en el Cielo pero has abdicado en la Tierra…
Los cánticos eclesiásticos hoy tienen ritmos mundanos…
Las plegarias tienen precio y la vida ha perdido su valor…
El pan de cada día es para miles un anhelo inalcanzable…
Como moscas caen miles por el hambre y la holgazanería…
Inmóviles esperan que envíes el maná de aquellos días…
Ya nadie perdona las ofensas, se vengan y se desquitan…
Es para todos ridículo el pensar en poner la otra mejilla…
Tu perdón ya casi nadie lo espera…
Hacen lo que les place, el Cielo y el Averno les da igual…
Y con La Tentación, eres un tonto aquí si no caes en ella…
Las consecuencias son el recordatorio de lo bien que se la pasaron…
Muere gente buena y se le perdona la vida a violadores y asesinos, ¿por qué?
Si Tuyo es el reino por los siglos de los siglos ¿por qué no pones orden y reinas como es debido?
Si nada es como parece hoy mismo estaré a tu diestra entregándote esto en la mano.
AMEN
Schwarz Lintu
Despedida
La humedad tallaba su vestido...
El barco se ha ido...
Para ella no volverá a amanecer...
Más que el amor acaba de perder...
La olas mojan sus pies...
El viento más fuerte es...
la tristeza se dibujó en su cara...
Se ha muerto el corazón de Sara...
El barco se ha ido...
Para ella no volverá a amanecer...
Más que el amor acaba de perder...
La olas mojan sus pies...
El viento más fuerte es...
la tristeza se dibujó en su cara...
Se ha muerto el corazón de Sara...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
